La entrega anterior finalizaba así:
Cristo borró la culpa, pero no borró la conciencia de culpa. El santo más santo –a excepción de María Santísima– está gravado con ella. Cristo no eliminó la conciencia de culpa ni el dolor por ella. Como a todas las demás penas por el pecado, la redimió. La transfiguró. Hizo de ella, para sus fieles, la base y fundamento de todas las virtudes: la humildad, por la que el pecador se reconoce culpable, y sólo redimible de la culpa por los méritos de Cristo. Insisto, así salva Jesucristo. Así salvó, ya, Jesucristo, al género humano.
Continuemos:
* * *
¿Y cómo salva el Anticristo? Porque el Anticristo es, también, “Salvador”. A su manera.
La salvación del Anticristo será –y ya lo es, en el sentido en que he dicho que él ya está entre nosotros– la estricta inversión de la salvación de Cristo. Pero será también –y es –simulación de la de Cristo.
En primer lugar, el Anticristo se presentará a sí mismo como Salvador, como Mesías-Salvador. Ya en eso parodiará a Cristo. Y como tal será recibido por los hombres, por los hombres “destinados a la perdición” (I Tes. 2, 10). Es recibido ya, en el sentido que dije.
Que vendrá como Mesías-Salvador, lo dice el Evangelio, y así lo entiende la mayoría de los intérpretes, antiguos y modernos. Dice el Señor en el Evangelio: “Yo vine en nombre de mi Padre y no me habéis recibido. Si otro viniere en su propio nombre 53, a ese lo recibiréis” (Jn. 5, 43). Y además dice: “Muchos vendrán en mi nombre diciendo: soy yo” (Lc. 21, 8). Y: “Si os dijeren, aquí está el Mesías, no los creáis” (Mt. 24, 23). Es indudable que el Señor se está refiriendo a alguien, o a algunos, que intentarán suplantarlo como enviados para la salvación.
Porque el nombre de Cristo, que usurparán, es ése: “Mesías”, “Ungido”, “Salvador”. Castellani, Benson y Soloviev coinciden también en retratarlo como pretendido “salvador de la humanidad”, y como quien será recibido como tal: “Soter”, salvador universal. En esto, la figura del Anticristo por venir trasciende, creo, la de todas sus prefiguraciones y la de todos los profetas o maestros de la humanidad, los “salvadores”. Porque se ha de presentar, como dijimos de Cristo, él salvador. Está claro que para éste, su carácter de salvador “en persona”, no vige la versión que de él he dado como ya presente en las estructuras del mundo contemporáneo. Porque en ellas está de modo impersonal. Si aquí lo preveo como hombre-salvador, es porque ha de concentrar en sí mismo, como en un haz, todos los medios de salvación que el mundo ya tiene preparados y como a su disposición. Y no imitará a Cristo, sin duda, en esto que es expresión de su infinita caridad a los hombres: su entrega personal en holocausto. Sólo que será, la salvación “anticrística” que ya ofrece el mundo, su obra personal. Porque será su dispensador a toda la Humanidad (volveré sobre esto).
Lo que digo sobre el mundo actual, como ofreciendo ya los medios de salvación que dispensará el Anticristo personal, me autoriza a describir a los primeros como figurando la salvación por el Anticristopersonal.
Y empiezo por aquello con lo que terminé sobre la verdadera salvación de Cristo, pero que es lo más importante: la Culpa del Pecado. Obviamente, el Anticristo no ha de borrar, como sí lo hace Cristo-Dios, la Culpa. El Anticristo, como Satanás, se revolverá contra la Culpa, asumiéndola con soberbia. Se encarnizará en ella. Pero eso, él: él como imagen e hijo de Satanás. Para los hombres, sus secuaces, borrará –ya ha borrado– la conciencia de culpa. Eso, precisamente, que no borra Jesucristo. Esa pena resultante de la Culpa que, como a las demás, Cristo nos ha invitado a asumir, por deber de justicia.
El mundo del Anticristo, el mundo que preanuncia al Anticristo personal, y que ya tiene a su disposición los medios para operar su salvación, ha borrado, casi universalmente, la conciencia de culpa. Y éste es uno, el primero, de los “beneficios” de la salvación por el Anticristo: no más dolor de la conciencia, no más “conciencia desdichada” entre los hombres 54. Se está logrando el proyecto que, con notable clarividencia, pone Dostoievsky en boca del Gran Inquisidor cuando, al reprochar a Cristo el fracaso de su misión, le dice: “[Los hombres] nos amarán como niños por consentirles pecar […] Los dejaremos pecar, porque los amamos”. Porque, en efecto, la progresiva anomia que se extiende por todo el orbe civilizado, la permisividad para toda violación del orden ético, no puede sino ser acompañada por la pérdida del sentido del pecado, ya que lo que engendra la conciencia de culpa es la ley 55.
El dolor de la conciencia es quizás, como adelanté, la más gravosa de las penas por el pecado, la que hinca inmediatamente en el espíritu del pecador. Por ella comienza, pues, la erradicación de las penas, que opera la salvación del Anticristo.
Pero, por supuesto, la siguen otras. Una retahíla. La herida del pecado ha bajado, desde las regiones más altas del espíritu humano, hasta los más bajos niveles de su existencia corpórea y animal. Ignorancia, error y estulticia en la mente; postración de la voluntad y desorden de las pasiones; dolores del cuerpo y del espíritu, y enfermedades, y muerte. Y la interminable lista de males que acompañan a la convivencia: odios y envidias y fraude, y celos y adulterios, y prepotencia de los poderosos y resentimiento de los débiles, y revoluciones y guerras…
Todas estas penalidades, de las que Cristo nos ha redimido del modo dicho, están apuntadas también en el proyecto salvador del Anticristo, y la verificación de esta “salvación” ya apunta en nuestro mundo. Pero de otra manera, no como Cristo.
Esta nueva salvación es la estrictamente inversa de la salvación de Cristo. Porque responde al mismo espíritu que dije antes: la instalación y el encarnizamiento en la Culpa. El Anticristo asume con furor la culpa 56 y se revuelve contra las Penas. Al contrario de Cristo, cuya salvación admite las penas como justa reparación por la Culpa, y las sublima y mitiga, el Hombre-Anticristo no tolera las penas. Y, como consecuencia de ello, procura erradicarlas. Intenta, pues, re-hacer el mundo, eliminando éstas, sus anomalías.
Pero, ¿no es esto una infantil utopía? ¿Rehacer un mundo sin penalidades, sin dolor, sin enfermedad y sin muerte? ¿Sin odios y sin guerras?
Y bien, no: esto no es más una utopía. Y que no es ya “utopía”, lo afirmo adoptando un doble punto de vista. Del lado del objeto, o de las
cosas mismas, y del lado de la subjetividad humana.
Considerando las cosas en sí mismas u objetivamente: la cienciatecnología puede, hoy, cosas prodigiosas. El modelo tecnológico actual no es el mismo que el de hace pocas décadas. No estoy hablando de diferencias entre la técnica antigua y la moderna. La tecnología actual, pos-moderna, no es la misma que la moderna. Ha habido, desde hace poco, un “salto cualitativo”. Porque la tecnología “novísima” ha conseguido realizar las implicancias contenidas en el positivismo científico de base. Quiero decir: la evicción* de las esencias naturales. Lo que el positivismo científico postulaba en teoría –que no existen las esencias–, la nueva tecnología lo prueba en la práctica: transmuta las esencias. Mediante un sofisticadísimo instrumental, la nueva tecnología penetra en el corazón de la naturaleza para transmutarla. Comenzó la física con la fisión nuclear; hoy la sigue, en mayor extensión, la biología, con la ingeniería genética, la transgenia, la clonación.
De modo que la tecnología hoy puede, en principio, re-hacer la naturaleza 57. Y, al rehacer la naturaleza, esta tecnología promete que la hará bien, no como la recibimos del Creador, llena de anomalías y defectos 58.
Por supuesto que en esta promesa de erradicar los males naturales hay trampa. Y esto me lleva a la consideración del otro aspecto, el lado de la subjetividad humana, para la cual re-hacer la Creación no parece ya utopía. Porque es falso que la nueva tecnología lo pueda todo, que sea omni-potente. Pero esto no importa, porque aunque la tecnología no pueda hacer todo, puede hacer creer que puede. Y esto resulta de dos razones. Por un lado, porque la capacidad crítica de los humanos ha sido prácticamente anulada por la adicción mediática. Y, así, se ha inducido en la conciencia la convicción de que la tecnología lo puede todo. O, lo que es lo mismo, que lo que hoy no puede, mañana lo podrá.
Pero esta trampa de la tecnología-todopoderosa está avalada por otra razón, además de la infantil credulidad de la gente. Y es que, efectivamente, la tecnología ha penetrado en el santuario de las esencias naturales, ha metido mano allí. Y esto, obviamente, permite abrigar las más desmedidas esperanzas. Porque, se lo reconozca explícitamente o no, este “meter mano” en las esencias sugiere capacidad creadora.
Y, así, esta “salvación del Anticristo” por la técnica, que ya se perfila, se diseña como diametralmente opuesta a la salvación aportada por Cristo. Porque la acción redentora de Cristo no cambia la naturaleza.
* evicción=f. Derecho Pérdida de un derecho por sentencia firme y en virtud de derecho anterior ajeno. Sinónimos: privación desposesión
53 – Para mí está clara la alusión: ese “otro” al que Jesús se refiere no viene “de lo alto”. Viene de la Inmanencia. Y “su propio nombre” es el nombre del hombre. Del Hombre “endiosado”.
54 – Término de Hegel (Unglückliche Bewusstsein), sin duda que acuñada en otro contexto, pero que uso como muy expresiva de lo que quiero decir.
55 – “¿Qué diremos entonces? ¿Qué la Ley es pecado? De ningún modo. Pero yo no conocí el pecado sino por la Ley”(Rom. 7, 7).
56 – Esto del “furor” compete al Anticristo que viene, al Anticristo-Jefe. El Anticristo-súbdito o “genérico”, el que ya está, sencillamente ignora la Culpa.
57 – Se debe entender esto que digo del “salto cualitativo”, entre la tecnología moderna y la, digamos, pos-moderna. La tecnología moderna, fundada sin duda en la ciencia positiva moderna, no había variado la inspiración de la tecnología de siempre. Presuponía, de hecho –aunque la ciencia-base lo negara o lo ignorara–, la inalterabilidad del núcleo esencial de la naturaleza. Las modificaciones inducidas se limitaban al nivel accidental. Actuaba, de este modo, según el principio tradicional: ars imitatur naturam (el arte –o técnica– imita a la naturaleza). Para la tecnología actual, en cambio, parece regir el principio ars facit naturam (el arte “hace” –o “fabrica”– a la naturaleza). Porque induce modificaciones en la esencia de las cosas.
58 – Recuerdo aquí la ridícula, si no blasfema, “boutade” de un tal Jacob, premio Nobel de no sé qué: “Dios, si existe, ha sido un pésimo ingeniero”.