EL ANTICRISTO – 11ª – Federico Mihura Seeber

Finalizaba así la entrada anterior:

Y, así, esta “salvación del Anticristo” por la técnica, que ya se perfila, se diseña como diametralmente opuesta a la salvación aportada por Cristo. Porque la acción redentora de Cristo no cambia la naturaleza.

* * *

Al no hacerlo, no erradica las penas. Las sublima y las mitiga, y las hace peldaños de santidad*, pero no las elimina. La “salvación del Anticristo”, en cambio, sí: sí cambia la naturaleza, sí erradica las penas. O, más bien, lo promete, y así se convierte en esperanza de los hombres. Entonces se nos plantea a los fieles la cuestión obvia. Si tal es la salvación del Anticristo, si tal es su “oferta” salvífica, ¿por qué nos escandalizaría? ¿Qué tendría de malo? ¿Es malo, acaso, pretender suprimir los males naturales?

Y bien, sí, es malo y malísimo. Si antes hablé de “trampa” con motivo del engaño que significa atribuir a la tecnología, credulidad mediante, una capacidad creadora, ahora hablo de una trampa mucho mayor, enorme. Una trampa “ontológica” y no cognoscitiva. Y la trampa ontológica en esta salvación del mundo por la técnica consiste en que ella equivale a su ruina. A la ruina del mundo, de la naturaleza y de la sociedad, y del hombre.

Insisto en aclarar la cuestión. Trascendido el problema de la veracidad de la promesa de salvación por la técnica, aún admitida la realizabilidad de la Utopía, sostengo que de eso mismo resultaría la ruina de la naturaleza y la instauración de un mundo atrozmente in-humano.

Porque no se trata solamente de que esta tecnología invasiva meta mano en las esencias del mundo natural. Mete mano en el Orden natural.

Perturba el Orden, y lo perturba no de una manera extrínseca: todo pecado, y todo error práctico, es perturbador del orden. Sin embargo, el pecado, y el yerro técnico común, perturba el orden accidental, pero deja intactas las esencias, y el orden entre ellas. Esta otra que se avecina –y que ya está– es una perturbación del orden esencial. De las raíces del Orden.

La conciencia fiel debería quedar justamente escandalizada por esto que configura suma impiedad y desafío a Dios: “enmendarle la plana” al Creador, rehaciendo su obra. Pero cualquier otra conciencia, aunque no sea fiel sino mínimamente advertida, reputaría a la empresa como temeridad, si conociera sus alcances. Ya la conciencia pública universal –que no es advertida ni prudente– observa con oscuro pavor los efectos sobre el equilibrio biológico de la acción combinada del capitalismo y la alta tecnología: agotamiento de recursos, depredación de la tierra y del mar, contaminación del aire. Sin embargo, todas estas perturbaciones son nada, al lado de lo que se viene. Porque representan, como digo, alteraciones extrínsecas, accidentales, del orden natural. Lo que se viene es una alteración mucho más honda, porque toca a los elementos mismos, esenciales, del orden. Esto por lo que respecta a la falacia de la salvación del Anticristo, con su pretensión de re-crear la naturaleza.

Lo que logrará es la ruina de la naturaleza, de lo que llaman la “casa del hombre”. Y otro tanto es lo que está ocurriendo con la aplicación de una tecnología “salvífica” aplicada, no a la naturaleza sino al hombre mismo. Quiero decir, en el campo de la medicina. Los excesos a los que está llevando la nueva terapia intensiva, ya sea en el nivel somático o en el psíquico, son también advertidos oscuramente por la conciencia pública. El tema de la “calidad de vida”, así como el de la “muerte digna”, que son un tópico, son altamente significativos. Implican un oscuro cuestionamiento de las bondades de una medicina hipertecnificada. Un oscuro deseo de sustraerse a sus beneficios 59.

Como he dicho, este proyecto titánico de erradicar los males del mundo por medio de la tecnología, es tramposo en sí mismo. El remedio es peor, mucho peor, que la enfermedad. Un mundo re-hecho por la tecnología, un mundo del que se hubieran eliminado los males, efecto del Pecado, es un mundo “invivible”, atrozmente in-humano. La premonitoria novela de Aldous Huxley, Nuevo mundo feliz, lanzó el alerta hace muchos años: la erradicación del dolor y de la enfermedad, y de la perspectiva de la muerte, entre otros muchos “beneficios”, crearían –por lo que él veía como una total “racionalización” de la existencia– una situación más intolerable que todos estos males juntos. Hoy estamos mucho más cerca de la verificación del aterrador “Mundo Feliz” que Huxley, pero la gente está mucho más lejos de entender su alerta.

Dije que en la “conciencia pública” existe una oscura intuición de la trampa. Un oscuro temor por lo que se avecina, en un mundo salvado por la tecnología. Sin embargo, este temor y esta prevención no afloran en la superficie. O mejor, si se quiere, la Humanidad no revisa ni propone revisar la tendencia. Al contrario, propone “avante”, porque sigue acunándose en la esperanza de una “salvación por la técnica” 60. O sea, se hace fe a la tecnología, se hace fe al hombre, se hace fe al Anticristo. Porque de la salvación del Anticristo se trata.

Los tremendos males que han resultado del Pecado, y que son su pena, no se limitan a éstos que afectan a la naturaleza, o al hombre considerado en su existencia individual. El de las relaciones humanas ha sido campo privilegiado de los efectos deletéreos del pecado. Desde ya, los mencionados: odios y envidias, celos y adulterios, robos, impiedad filial y abandono de la prole, revoluciones y guerras; en suma, el odio entre hermanos, el odio entre los pertenecientes a una misma casa, o a una misma polis, o a una misma hermandad común. Pero hay muchos más. La “salvación” de estos males, que ya se perfila ante nuestros ojos, la que el mundo está empezando a procurar y que será la “Salvación del Anti-Cristo”, es fácil y expeditiva. El Anticristo borra estos males sociales “de un plumazo”. ¿Cómo? Suprimiendo –porque aquí también se trata de suprimir– lo que es ocasión de ellos. Porque suprimidas las patrias se suprimen las guerras, suprimidas las familias se suprimen los celos, la infidelidad hacia el cónyuge y hacia la prole 61, suprimida la propiedad se suprimen los robos…

Y, por supuesto, aquí también hay trampa, una trampa mayúscula, una trampa ontológica, en esta “salvación” que propone el mundo del Anticristo. Porque de esta violación de la naturaleza, ahora social, resultarán males –ya están resultando– infinitamente peores que los males que se pretenden erradicar. Porque, efectivamente, también la naturaleza social del hombre es inalterable. Si con pecado ha sido recibida, con pecado debe ser asumida: con las penas derivadas del pecado. Penas que, sin embargo, también aquí pueden ser transfiguradas, y convertidas en valores excelsos, sin eliminar la naturaleza que es su sustento. Al contrario, su eliminación conlleva la pérdida de tales valores: de la exaltación patriótica y del heroísmo, de la fidelidad matrimonial y del amor filial y paterno, de la justa retribución y de la generosidad… 62

Ésta es, pues, la “Salvación del Anticristo” que se aproxima, y que ya está. La llamo “del Anticristo” porque responde a las notas con las que sintéticamente pretendo identificar al personaje: la paródica inversión de la Salvación aportada por Cristo y, como resultado de ello, la ruina o “abolición” del hombre. Un resumen de los caracteres de ambas permite ver cómo la primera parodia a la segunda.

Dije que, al contrario de la Salvación de Cristo, que por la asunción reparadora de las Penas borra la Culpa, la “Salvación” del Anticristo desconoce la Culpa y se encarniza en ella. Sin embargo, parodia en esto a Cristo porque borra la conciencia de Culpa entre los hombres. Esto que, como dolor de la conciencia, encabeza la lista de las penas contraídas por el pecado. De este ápice depende todo lo demás, todas las restantes penas que una y otra salvación enfrentan de modo inverso. Porque Cristo ha hecho, de la aceptación reparadora de las penas, como pago condigno por la Culpa, el medio para su transfiguración en bienes excelsos. El Anticristo, por su parte, que borra la conciencia de Culpa y desconoce en los males su condición de penas, intenta erradicarlas. Y como ello no resulta tan fácil como borrar la conciencia de Culpa, promete re-crear una nueva naturaleza sin penas, por medio de una tecnología invasiva.

Y el carácter paródico de esta salvación en relación con la de Cristo se hace patente en varios rasgos: la re-creación de la naturaleza a través de la tecnología, y la racionalización, remedan a la que, para nosotros, los fieles, es, en Cristo resucitado, también una “Segunda Creación” (II Cor. 5,17; Gál. 6, 15, etc.). Para ambas vige un “hombre viejo” y un “hombre nuevo”. En la salvación cristiana, lo son el hombre pecador y el hombre santificado en la imitación de Cristo por la aceptación de las penas; en la salvación “anticrística” es el hombre viejo, el hombre pecador de toda la historia, cargando con las penas del pecado, y el hombre nuevo es el de este “Nuevo mundo feliz”, que se conserva pecador pero que es liberado de las penas. Y, por último, en esta semejanza-simulacro, quizás la más impactante de todas: la apelación al milagro como acreditación de la calidad sobre-humana del Salvador, en uno y otro caso.

Porque no hay duda de que un aura de taumaturgia rodea a los modernos logros, prodigiosos, de la ciencia-tecnología. Por supuesto que hay aquí, también, trampa, en los dos sentidos ya apuntados: trampa en la fácil credulidad de las masas por la anulación del sentido crítico, y trampa en la cosa misma, porque el prodigio tecnológico no es milagro, sino una penetración abusiva en las estructuras esenciales de la naturaleza, que conlleva imprevisibles, catastróficas consecuencias 63. Pero, sea como sea, en ambos casos, el hecho maravilloso aduce un dominio sobre las leyes naturales, que acredita la condición divina del agente. Pero si, por los milagros, Cristo-Salvador se acreditó a sí mismo como Dios, no usó de ellos principalmente para liberar de las penas, sino para atraer al beneficiado a la fe, logrando con ello lo que es quizás el milagro mayor, la conversión del pecador.

Y el Anticristo, “lo mismo”, pero al revés, porque usa del prodigio tecnológico para acreditarse, él también, como “dios”; pero confirmando al hombre en el pecado, y ello, precisamente, por la liberación de las penas del pecado.

Así será, pues, la “Salvación” del Anticristo. Y si digo que así es ya la salvación del Anticristo, es porque todos los medios de esta salvación apuntan ya entre nosotros. Todo el aparato tecnológico, que deslumbra a las masas con su capacidad de erradicar los males, y toda la estructura de poder que elimina las familias y las patrias son, ya, plenamente vigentes. Pero lo son, todavía, de modo general y anónimo. Falta aun el hombre que los asuma. El mundo actual tiene todos esos medios “salvíficos” a disposición de un Soter, un “Salvador”. Falta ese uno que los administre. Falta el Dispensador de esos “bienes”.

Y digo esto último porque, si bien es cierto que todos esos “beneficios” ya están, permanecen todavía inequitativamente distribuidos; es decir, reducido su usufructo a algunos privilegiados. Para la mayoría son nada más que una aspiración. En el seno de los países desarrollados, no los gozan todos, sino aquellos que participan de los niveles superiores de riqueza. Y para toda la extensión del mundo “en desarrollo” se los promete como desideratum a alcanzar. Para estos últimos, no sólo está pendiente el logro de los beneficios “salvadores” en el campo de la naturaleza y la existencia individual (supresión del dolor, la enfermedad o el hambre), sino que tampoco han accedido todavía a los sociales (supresión de las guerras, revoluciones y delitos), porque vigen aún en ellos las diferentes tradiciones tribales o nacionales que son, para la nueva mentalidad, la fuente de esos males.

Así, el Anticristo personal, Soter, será –según creo– quien distribuya estos beneficios a toda la Humanidad. El Anticristo, cuando se manifieste como Salvador, lo hará como dispensador de la prosperidad y la paz universales.

Ésa será su obra. Porque los materiales para esta obra ya están a su disposición. Y será su obra como soberano político del nuevo Poder Mundial 64.

* Las frases resaltadas y subrayadas, son aporte de quien publica en el presente Blog la obra del Federico Mihura Seeber.

59 – Esto resalta especialmente en el asunto de la “muerte digna” o eutanasia. Porque, ¿qué otra cosa significa la eutanasia, sino que el enfermo terminal intenta escapar de la medicina y de los médicos?

60 – Viene al caso citar la anticipación profética del Apocalipsis: “Blasfemaban los hombres de Dios por estas plagas pero de sus obras no se arrepintieron” (Ap. 16, 11).

61 – Vemos, por ejemplo, cómo la nueva infancia ya no es afectada por el divorcio de los padres, lo que constituía un freno a las separaciones. Hoy los chicos son contenidos en su desamparo por la asistencia psicológica, y por la compensación de su drama con baterías de regalos.

62 – Por ese lado va la crítica que hace Aristóteles a la utopía comunista de Sócrates (comunismo de bienes y de mujeres e hijos). Después de enumerar las virtudes que desaparecerían, concluye: “No se deben considerar sólo los males que se evitarían adoptando el comunismo, sino también las cosas buenas que se perderían. Una vida así sería imposible” (Pol., II, 2, 9).

63 – Justificaría largos análisis el estudio de las diferencias entre el verdadero milagro y estos “prodigios” de la nueva ciencia. O, si se prefiere, al revés, el de su semejanza, que hace que los últimos puedan hacerse pasar por milagros. Obviamente, no lo haré acá. Sólo destaco lo que es un contraste “global” entre las dos cosas. Los verdaderos milagros –los de Cristo, o los realizados por impetración de sus santos– son testimonio del poder creador de Dios. Por eso, el “traspaso de las leyes naturales” que implican, no perturban el orden general de la Creación. Por el contrario, estos “prodigios” científicos, sí lo hacen, con lo que se convierten en testimonio, también, de un poder preter-natural, pero no creador sino destructor, un poder satánico. En cuanto al hecho de que resulta paradojal atribuir cualidades “milagrosas” a una facultad tan altamente racionalizada como la ciencia-tecnología, se debe reconocer que es paradojal. Pero no se puede descartar tal atribución. Desde sus orígenes renacentistas la nueva ciencia nació emparentada con la magia. Y, en sus postrimerías, el acercamiento de estos nuevos prodigios al “milagro” aparece sugerido por algunos admiradores incondicionales de la ciencia, como resulta de la cita que hago más adelante, de A. Battro. Ver nota 67, p.70.

64 – Es uno más de los aciertos de Soloviev, el haberle atribuido esta figura. Titula el libro por el cual el Anticristo se recomienda a sí mismo para Jefe supremo –y el único anacronismo de Soloviev consiste en hacerlo promocionarse con un libro (!)–, de este modo: “El camino abierto hacia la paz y la prosperidad”. Cfr. Breve Relato del Anticristo, p.166.

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