LA ESPIRITUALIDAD BÍBLICA [1]
¿EN QUÉ CONSISTE?

       Mons. Juan Straubinger

Monseñor Juan Straubinger Primer capítulo de su obra «La espiritualidad bíblica» en la que reunió su artículos publicados en Revista Bíblica Argentina

¿EN QUÉ CONSISTE LA ESPIRITUALIDAD BIBLICA?

[Tomado de Mons. Juan Straubinger «La Espiritualidad Bíblica»]

I

El corazón del hombre -el mío también- es una tecla desafinada. ¡Ay del que está confiado creyendo que a su tiempo sonará la nota justa, verdadera, necesaria! Le esperan las caídas más terribles, tanto más dolorosas cuanto más sorpresivas.

Sólo en estado de contrición permanente puede vivir el hombre que heredó la condición de Adán. «Si no os arrepentís pereceréis todos», dijo Jesús (Luc. 13, 3). La vida espiritual es siempre, necesariamente, un renacer en que el hombre viejo muere para revestirse del otro, del creado según Dios en Cristo, en la justicia y santidad de la verdad (Ef. 4, 24), es decir, para adquirir conciencia de la Redención, o sea para aplicarse, mediante la gracia, esa justicia y esa santidad que procede solamente de Cristo, de su verdad y de sus méritos, sin los cuales nada nuestro puede existir (Juan 1, 16), y que no se nos aplican de un modo automático, maquinal, como a una cosa muerta, sino cuando adquirimos conciencia de ello, renovándonos en el espíritu de nuestra mente (Ef. IV, 23). Este es el verdadero sentido de la observación de S. Agustín: «Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti».

El salvarse es, pues, siempre vida nueva, «novedad de vida» (Rom. 6, 4) que se produce sobre la muerte del yo anterior. El que no nace de lo alto no puede ver el Reino de Dios» (Juan 3, 3). Sólo puede salvarse el mortal después de despojarse del hombre viejo y convertirse a nueva vida. ¿No es esto lo que dice Jesús cuando enseña a renunciarse a sí mismo para poder ser discípulo de El?

Ahora bien, todo el problema teórico y práctico está en esto: nadie renuncia a una cosa mientras cree que ella vale algo; y en cambio está muy contento de librarse de ella en cuanto se convence de que no vale la pena. Todo es, pues, cuestión de convicción. Nadie quiere convertirse si se cree santo.

II

Con frecuencia se oye repetir que el hombre está creado a la imagen y semejanza de Dios… Pero, ¿acaso nuestra madre Eva y nuestro padre Adán fueron fieles y nos transmitieron aquella noble herencia y no fuimos al contrario propiedad del príncipe de las tinieblas (Col. 1,13) como botín de la batalla que él ganó en el paraíso? Se dirá, con toda razón, que Cristo lo venció en la Cruz (Col. 2, 15; 1 Juan 3, 8) y nos compró por un precio (1 Cor. 6, 20) y que hemos sido bautizados en su sangre.

Ojalá lo creyéramos de veras. ¡Ahí está el punto! También dice S. Pablo que los bautizados en Cristo lo hemos sido en su muerte y en El hemos muerto al pecado (Rom. 6, 2 ss.) y San Juan dice que el que permanece en Dios no peca (1 Juan 3, 6). Inmensas, estupendas verdades para el que vive esa Redención de Cristo, es decir, para el que no busca su propia justicia sino la que nos viene de El (Rom. 3, 26-27; 9, 30; 10, 3-4; Filip. 3, 9).

Pero ¿acaso el Bautismo es un mecanismo que transforma nuestra carne?

¿Acaso no seguirá flaca y débil hasta la muerte? El hombre nuevo la vence maravillosamente, como enseña San Pablo en los dos últimos capítulos de la Epístola a los Gálatas: la vence por el espíritu, es decir, viviendo estas verdades sobrenaturales de la fe. Pero esta fe no se nos incrusta de un modo material y pasivo. El que creyere y fuere bautizado se salvará, dice Jesús, y el que no creyere se condenará (Marc. 16, 16), esto es, se condenará aunque hubiese sido bautizado.

Con esto volvemos al pensamiento inicial: esta vida de fe sólo la vive el hombre nuevo. Y el hombre nuevo no existe mientras no muere el viejo. Y el hombre viejo no quiere morir y no muere mientras no le deseamos la muerte, convencidos de que es nuestro peor enemigo.

Por ello y para gozar de inmediato la gratuita Redención de Cristo, viviendo la vida nueva del espíritu según la “ley del espíritu de vida» (Rom. 8, 2), no basta -pero es indispensable-, admitir la caída del hombre, el cual, lejos de conservar esa imagen y semejanza de Dios con que fué creado Adán, tiene que reconquistarla en estado de contrición, aplicándose permanentemente los méritos de Cristo y «salvándose» de un mundo en que Satanás reina, como lo dice no solamente San Pablo en 2 Cor. 4, 4, sino el mismo Cristo, en Juan 14, 30.

El día en que nos persuadimos de esta verdad, tan trágica como elemental, adquirimos el verdadero concepto de nosotros mismos, y del mundo, y de todo lo humano, y entonces sí proclamamos con inmenso gozo esas verdades espirituales infinitamente dichosas, que antes nos parecían raras o duras, como éstas: “Muertos estáis y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es nuestra vida, aparezca, entonces vosotros también apareceréis con El en la gloria» (Col. 3, 3-4).

PRÓLOGO AL LIBRO POR EL R. P. ELÍAS CLEMENTE DELL’OCA  C. Ss. R.

Mons. Dr. Juan Straubinger es ampliamente conocido entre los exégetas y los amantes de las Divinas Letras, en general, por la difusión de sus obras bíblicas populares, libros, folletos, artículos. Espiritualidad Bíblica –como dice el autor en el Prólogo- es una colección “en volumen” de “una serie de trabajos y estudios, en parte nuevos, en parte extraídos del acervo doctrinal que durante muchos años hemos venido publicando en las páginas de la Revista Bíblica y en otros periódicos, ora bajo seudónimos, ora con nuestra propia firma”.

Los temas de ésta obra son muy diversos, pero todos bíblicos y todos espirituales. De ahí el título de “Espiritualidad Bíblica”, dado por el autor. Se divide en cuatro partes: Espíritu y Vida. Hacia el Padre. El Misterio del Hijo. Escatología. Y luego, para terminar, un pequeño apéndice. Cada una de estas cuatro partes se subdivide en pequeños capítulos de tres y a veces más puntos de meditación.

En verdad, nos encontramos ante un libro espiritual, de meditación, nada vulgar, que hace gustar las dulzuras y melosidades bíblicas y denota, al mismo tiempo, la profunda espiritualidad bíblica de su autor, lo mismo que su anhelo de desentrañarnos el contenido de la Palabra de Dios y presentárnosla popular, sencilla, sabrosa.

En más de una página de éste libro, escrito en la madurez de edad de su autor, nos ha recordado pensamientos y modos de expresión de los últimos libros publicados por el poeta uruguayo, Juan Zorilla de San Martín. Y quizás sea mucha la semejanza que existe entre ambas almas espirituales, acostumbradas a la meditación de la Palabra Divina, y a la oración constante. Por otra parte, es de elogiar la excelente presentación del libro en cuanto a papel y tipografía Ojalá esta obra del ilustre popularizador de la Biblia sea meditada y leída, sobre todo, en tiempos de ejercicios espirituales, por las almas deseosas de penetrar en los sublimes misterios bíblicos.

  1. Elías Clemente Dell’Oca, C. Ss. R. (De una ‘Recensión’ publicada en Revista Bíblica, al ser publicado éste

4 comentarios en «LA ESPIRITUALIDAD BÍBLICA [1]
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  1. Padre Horacio: muchas gracias por compartirnos esta página de quien tradujo la Biblia. Muy rico el texto. Si el Señor del Mundo es el Diablo, y este es también el Padre de la Mentira, no sería descaminado pensar que el hombre viejo de un ser falso. Y que sabiéndose falso, todos sus esfuerzos son para dejar de serlo, lo cual es pura vanidad y violencia. Como dice el texto, sólo muriendo a él puede nacer en Cristo el hombre nuevo, o verdadero. Aprovecho para agradecerle su libro acerca del pecado de la asedia. No conocía ese pecado y fue toda una revelación. El daño que produce es inmenso y su avance silencioso. Muchas gracias de corazón. Javier Tamargo

    1. Estimado Javier Tamargo, agradezco mucho su comentario, su mención a la obra magna de Monseñor Juan Straubinger que llegó a Argentina huyendo de la tiranía anticatólica de Hitler. Y gracias también por recordar a los visitantes del Blog el libro y los videos sobre la acedia, tan poco conocida y por eso tanto más perjudicial, puesto que dirige hasta esta guerra biológica, apocalíptica, que viene a cumplir la profecía de los cuatro jinetes

  2. El trabajo de Monseñor Straubinger es fundamental para los católicos perplejos de hoy. Su clarificante exégesis nos permite entender con mayor profundidad las verdades que nuestro Señor quiso que se nos transmitieran.
    Muchas gracias, Padre por este blog que nos refresca tan magnífico trabajo
    Su hija, Clotilde

    1. Gracias Clotilde, creo que por ser el tuyo el primer comentario que llega a este blog, merecerías un premio de honor. Que el Señor te lo brinde con creces

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