iba entendiendo que lo que Usted escribe allí retrataba perfectamente bien lo que había escuchado y vivido y me explicaba la causa de mi malestar: ¡reconocí leyendo su libro la acedia de aquél discurso y de la persona que hablaba!
Desde entonces caí en la cuenta de que la acedia es «un espíritu» que se encuentra comúnmente en nuestro entorno y también dentro de la Iglesia ¡Y me dije que tenía que estar atenta y que tenía que discernir siempre! ¡Cómo me devolvió su libro la paz y la alegría ese día!
Gracias por ese hermoso libro con un tema del que no se habla prácticamente y que desde que lo reconocí pintado en su libro puedo decirle que no dejo de verlo a mi alrededor, y mucho.
El segundo hecho sucedió este fin de semana pasado y es lo que me ha movido a escribirle ahora.
Fuimos a la misa con mi marido y la lectura del Evangelio era la escena del Juicio final de las Naciones, en Mateo 25, 31-46.
El sacerdote hizo su homilía hablando del Juicio, y diciendo que seríamos juzgados por lo que hicimos con los pobres, con los presos, etc. ¡Una explicación puramente moralizante, naturalista y secularizada de ese pasaje! Ni una palabra acerca de la identidad del Hijo del Hombre, ni de los hermanitos más pequeños, ni del fuego preparado para Satanás y sus secuaces. Ninguna perspectiva religiosa de la revelación cristiana traída por Jesucristo. Realmente me sentí mal otra vez y mi marido también.
Comentamos eso con mi marido. Más de tardecita, no sé por qué, pienso que movida de nuevo por mi Ángel o el Espíritu Santo, entro en la página del diácono Jorge Novoa y ¿qué me encuentro? ¡Un artículo suyo interpretando el mismo pasaje del Evangelio!
Pero ¡La interpretación que Usted nos da, no tiene nada que ver con lo que habíamos escuchado en la mañana! Usted expone allí el sentido religioso de la enseñanza de Jesucristo. Un sentido que ilumina nuestra fe. Me pongo a leerlo y nuevamente la alegría vuelve a mi corazón. Y de él brota un pleno «amén», un asentimiento de mi fe que reconoce la verdad plena de lo que Usted interpreta:
¡Qué ignorancia que tengo y tenemos los católicos!
Pues, sinceramente padre, nunca había escuchado esa explicación del» Juicio a las Naciones» que Ud. hace, y tambien me fui a la página de» Fe y Razon» [http://www.feyrazón.org] y seguí allí su aclaración del tema con respecto a la interpretación ideológica, no creyente, de los autores racionalistas, naturalistas y de de la teologia de la liberacion.
Le agradezco su fidelidad al Magisterio de la Iglesia y le aseguro que el Señor se ha valido de Usted para llevarnos por el camino de LA VERDAD y poder experimentar el fruto del Espiritu.: el Gozo y la Paz.
GRACIAS Y QUE DIOS LO BENDIGA MUCHO!!
QUE LA MILAGROSA SIEMPRE LO LLEVE EN EL CRUCE DE SUS BRAZOS!
De todo corazón su hermana en Cristo
Hilda (Pseudónimo)
Gracias, Hilda, no me olvide en sus oraciones. Yo la tendré en las mías-