EL ANTICRISTO – 2da Entrega – Federico Mihura Seeber

Continuamos con el Prólogo, muy importante para ubicarnos en la visión política y mediática que tiene el autor. Restan sólo 14 páginas, de esta sección de la obra que nos recuerda, e invita con gozo, a lo que dice el Señor: ¡Vigilad!

    Y, entonces, se me ocurre pensar que acá… acá andan metidos los judíos. Dije que acá hay gato encerrado: el gato encerrado son ellos. Son ellos los que están provocando este sacudón en el mundo árabe. Y adelanto las razones de mi suposición.

    En primer lugar: no sería la primera vez. No soy tan conspirativista como para atribuirles a los judíos todas las crisis históricas que sacudieron a la ex-Cristiandad occidental. No creo que hayan sido enteramente responsables de las persecuciones romanas, ni de la crisis arriana, ni de la invasión mahometana, ni de la Reforma luterana, ni de la Revolución Francesa. Pero es indudable que su influencia en las sucesivas crisis ha ido creciendo, en la medida que el proceso revolucionario ha ido aumentando su poder. Y lo que tal vez no crea sobre su influencia en la Revolución Francesa, sí lo creo, con seguridad, de la Revolución bolchevique. Cuándo empezó esta influencia de los judíos en los hechos debilitadores del orden tradicional, no lo sé, ni me interesa. Pero me parece indudable que ella fue in crescendo. Y esto sí interesa. Porque estamos… ahora. No es antojadizo, ni delirante, atribuirles influencia en esto que está pasando. Porque ahora los judíos se han hecho dueños de todas las palancas del poder y de la influencia: economía, educación y cultura, y medios de información. De este modo, se puede colegir que, si conspiraron débilmente al principio, y después no tan débilmente, ahora que cuentan con las palancas del poder, ¿no lo harán? Con esto no he adelantado mucho en la interpretación de los hechos en cuestión. Solamente he sugerido que los judíos, de quienes no se dice una palabra en las informaciones, han de andar metidos en ello.

    Pero ahora sigo. Si los judíos son el gato encerrado que explicaría este insólito caos en el mundo árabe… ¿por qué lo explicaría? ¿Qué les va a ellos? Si han provocado el caos, o lo están manejando, ¿por qué será? ¿Por qué motivo?
Y adelanto cuál es el supuesto más fundamental de mi hipótesis. El más hipotético también; y éste sí, quizás, “antojadizo”. Lo adelanto escuetamente, y después lo aclaro.
El supuesto de la intervención de los judíos en esto que está pasando es, como motivo último, que
los judíos quieren hacerse del poder político hegemónico. Es decir, global.

    Sé que muchos tendrían una objeción que hacer a esto: los judíos ya ejercen el poder hegemónico global. Es cierto, ya tienen el poder global. Dirigen las mentes y las acciones de, por lo menos, la humanidad occidental. Manejan los medios de comunicación, los resortes de la economía, las orientaciones de la cultura y la educación. Dirigen las conciencias. Dirigen, además, a los poderes políticos, al menos de Occidente. Europa y EE.UU., sobre todo EE.UU., acompañan servilmente las consignas bélicas y geopolíticas de Israel. Es verdad, pues: los judíos dirigen ya, globalmente, a la humanidad. (El Lejano Oriente, China, India o Japón, son otro asunto… pero no tan otro: porque la civilización
occidental es “tutora” de todos éstos.) Así pues, los judíos son, ya, “
Herrenvolk”. Dominadores políticos y culturales globales. Y entonces, si ya tienen el Poder, ¿para qué lo buscarían?

    Pero se ha de destacar lo siguiente: Israel es todo esto, dominador político y cultural, sin manifestarse como tal. Su supremacía cultural, su dominio sobre las almas, es secreta y conspirativa, su dominio político es delegado, per interpositam personam. No se manifiesta. En cuanto directores de las conciencias, no necesitan manifestarse: han judaizado
las mentes de Occidente. En las costumbres y en la moral, en el arte y en la ciencia, todos somos “espiritualmente judíos” (como dijeron, a su turno, Borges y Pío XI…). Pero su dominio político es
per interpositam personam. Como dije: todo el potencial bélico americano, y sus directivas diplomáticas, están al servicio de Israel.
Y, entonces, digo: ningún Poder político, ningún agente del Poder político, se conforma con eso, con ejercer el poder implícitamente y entre bambalinas, sin ser reconocido, él mismo,
soberano.

    De modo que esto no puede quedar ahí. Un poder político dominante y dominador, por más secreta y disimuladamente que se ejerza, y por más conveniente que le sea esta forma disimulada e implícita de hacerlo 1, termina por hacerse explícito. Termina por dar la cara. El poder judío es un hecho, sin duda, pero se ha ejercido hasta ahora desde el anonimato. No puede seguir así eternamente. Se opone a ello la naturaleza misma del poder político, que por ser político es público, y se opone la naturaleza psicológica del agente de Poder, que naturalmente aspira a las galas y dignidades que conlleva, y que no le son reconocidas mientras opera desde el anonimato.
El poder político judío se ha de hacer explícito, se
manifestará. Y se manifestará como poder político hegemónico, o global.

    Ya es global, sin duda, el poder cultural judío. Pero su poder político ostensible es sólo local: es Israel. Y bien, lo que digo es, sencillamente, que el actual poder político local de Israel se expandirá sobre todo el ámbito geográfico sobre el que ya vige su poder cultural. El Poder reconocido de Israel se hará global.
Este objetivo final de Israel es, creo, lo que explica, en último término, los hechos que se están dando ante nuestros ojos en Medio Oriente.

* * *

    Tómese lo anterior como lo que es, una hipótesis, y como tal asúmasela. No por compartirla, necesariamente, sino postulándola como posible, y juzgando sobre su coherencia con los hechos. Si se quiere, como mera hipótesis de trabajo. Sé que es temeraria. Pero aceptémosla, porque más temerario aún es lo que viene.

    En efecto, ¿de qué modo explicarían ese objetivo de la política judía, los hechos que estamos presenciando, las turbulencias políticas en el mundo arábigo-musulmán? ¿No es que estas turbulencias amenazan, más bien que apuntalan, a este presunto objetivo dominador de Israel? ¿No es que el levantamiento arábigo-musulmán se diseña como una
amenaza sobre Israel? ¿Cómo digo, entonces, que es alentada por él?

    Mi temeraria hipótesis es que, para hacerse del poder político hegemónico que digo, Israel intentará sumar a los musulmanes a su empresa. Empresa que ha de implicar un desafío al predominio actual de Occidente, incluido, quizás, un asalto bélico contra él.
Sé que no es necesario destacar lo paradojal de esta hipótesis. Paradojal, no tanto en su primera parte, la voluntad de poder hegemónico de los judíos; pero sin duda que sí en la segunda: el propósito de hacerse del apoyo arábigo-musulmán para un asalto bélico contra Occidente. Pero es que si se admite la primera parte, creo que se impone la segunda.

    Si suponemos que los judíos quieren el poder político explícito… Digo: no sólo el poder político explícito sobre su propio “hogar nacional” y aledaños, sino un poder decisorio universal, como universal es ya su poder cultural, entonces… entonces tienen, primero, que poner en caja a sus vecinos árabes. Porque sólo de la dominación completa de Medio Oriente puede surgir un poder político judío que se imponga al mundo. No pueden lanzarse a la conquista del Mundo si no tienen las espaldas bien guardadas. Pero lo que he dicho es más pretencioso aún. No sólo “las espaldas bien guardadas”: los judíos no darán el “zarpazo conquistador”, si no es con la aquiescencia y el apoyo del mundo árabemusulmán.

    Lo que digo va contra todas las opiniones hoy admitidas. Pero es porque nos hemos habituado a ver esta furiosa puja entre árabes e israelíes como algo obligado, casi natural: perros y gatos, destrozándose entre sí. Pero se ha de llamar la atención sobre algo fundamental: esta cerril oposición entre la Media Luna y la Estrella de David no es, en modo alguno, necesaria. Ni es natural: es más bien anti-natural. Y lo prueba el hecho de que no tiene tras de sí una larga historia. Viene de la “declaración Balfour”, y del saqueo de la tierra de los palestinos por los judíos. Ésta es la única manzana de discordia entre ambos, y es reciente. Históricamente no ha sido así. A lo largo de toda la historia, los
judíos han sido más bien aliados que enemigos de los musulmanes. Así  fue, en el asalto de estos últimos contra la Cristiandad occidental. Y esto que fue una constante histórica, la alianza entre musulmanes y judíos contra la Cristiandad, reposa sobre un substrato espiritual y religioso que es decisivo.

    La teología judía y la musulmana son coincidentes en un mismo espíritu, formalmente enemigo de la teología cristiana. Es el monoteísmo anti-trinitario de los primeros. Éste que considera al Cristianismo como un “politeísmo”, que es además idolátrico y blasfemo. “Politeísmo”, por el dogma mismo de la Trinidad Divina, e idolátrico y blasfemo por
el dogma de la Encarnación, y la consiguiente adoración de un hombre: Cristo. Y esto es lo que explica, en el fondo, la tradicional alianza entre musulmanes y judíos contra el Occidente cristiano. De modo tal que una nueva alianza entre estos dos, que en los últimos tiempos se han ido a las manos
sólo por Palestina, no es, en modo alguno, una suposición antojadiza. Porque la afinidad teológica profunda pesa más que la discordia puntual por Palestina. En el supuesto de la colaboración musulmana en un ataque a Occidente, su resignación de Palestina –Jerusalén– podría ser compensada con otros “triunfos”. Primera y fundamentalmente, con su aporte a la destrucción del odiado Occidente cristiano.

    Se me objetará, a esto, lo obvio. El enemigo común de musulmanes y judíos puede haber sido, en la historia, la Cristiandad. Pero ahora el blanco de la nueva alianza sería el Occidente posmoderno… Y ¿qué tiene éste de “Cristiandad”? Vale la objeción: la Cristiandad no existe más. Ella ha sido anímicamente devastada*, y ello, precisamente, por el triunfo del poder cultural judío. Pero, no obstante ello, sigue siendo presentado Occidente, ante los ojos del mundo musulmán, como “Cristiandad”. Los ataques de Bush contra Afghanistán e Irak fueron denunciados como “cruzada” por Ben Laden, y el mismo Benedicto XVI hizo implícitamente causa común con ella en sus imprudentes denuncias contra el fundamentalismo musulmán. No creo que los musulmanes hagan demasiados distingos entre verdadera y falsa Cristiandad: entre Balduino y Bush, pasando por Don Juan de Austria, Napoleón y el Imperio Británico… para ellos los “cristianos” son todos igualmente execrables. Y si los de ahora los asolan inicuamente y amenazan sus creencias, imponiéndoles democracia y corrupción, se sienten más justificados en su odio. Y lo están.

    No es, pues, desandado ni antojadizo predecir que el mundo musulmán se sumaría a una convocatoria que le prometiera asolar al mundo “occidental y cristiano”. Fuera quien fuera –pero serán los judíos– tendrían atrás a los árabes como a un solo hombre, para tomarse la revancha contra quienes los han avasallado –desde la modernidad– y corrompido.
En suma: la hipótesis de una alianza entre Israel y el Islam contra Occidente es posible.
Falta que Israel
quiera. Que quiera atacar a Occidente, liderando a los árabes.
Y falta que Israel
pueda.
Que quiere, quiere. Nadie puede poner sinceramente en duda la voluntad de poder de los judíos. Y esta voluntad de poder, que, como dije, hasta hoy se ha consumado sólo por el poder implícito y cultural, conspirativo y entre bambalinas, tiene que hacerse políticamente explícito y manifestarse.

    Ahora bien, para hacerse explícito y manifestarse, ¿requiere de una contienda bélica? Es discutible esto, sin duda, en las circunstancias del mundo de hoy: globalizado y “pacificado”. Para mi suposición de que podría ser bélico, bélico y “conquistador”, me reservo una fundamentación que expongo más adelante. Admítasemela también, por ahora, hipotéticamente: la asunción del Poder judío “manifiesto” vendrá con un ataque militar a Occidente. Pero queda una dificultad en la representación imaginativa de un hecho así. Los judíos se vienen apoyando, desde hace ya bastante tiempo, en el poder bélico occidental, en especial EE.UU. Del mismo modo que con la alianza árabe-israelí, esta contienda israelí-americana nos es sumamente difícil “visualizarla”, porque nos hemos acostumbrado a la situación inversa. Pero la “inversión de alianzas” no es un hecho raro en la historia…

    Aunque, con todo: ¿es pensable que Israel ataque al que ha sido hasta ahora su principal defensor y su incondicional aliado? ¿Se privarían de su poderosísimo campeón? ¿Traicionarían a su roca protectora, los EE.UU.? Ciertamente, es difícil de imaginar.
Pero, de una cosa, sin duda, podemos estar seguros: no les temblaría la mano
2.

    Si se concede que Israel quiere, que quiere hacerse del poder político hegemónico de manera explícita, se pasa a la segunda condición: que Israel pueda hacerlo. Y acá ya no puedo decir, como atrás: que puede, puede. Porque hasta ahora ha vivido a la sombra de otros poderes hegemónicos, y asegurándose su concurso en todas sus empresas bélicas.
Entonces, sólo diré:
creo que puede.

    Lo que puse antes como dificultad de “visualizar” una empresa bélica de este tipo en el mundo actual, constituye una de las objeciones a que pueda hacerlo. Un hecho de esta magnitud, que rompería con todas las convenciones sobre la “solución pacífica de los conflictos”, que sacudiría a la humanidad de Occidente de sus sueños de paz permanente, provocaría… provocaría… Pero, ¿provocaría qué? ¿Provocaría realmente algo, si sus fautores fueran los judíos? Podemos dudar de ello. El dominio psicológico –la “autoridad moral”– de los judíos sobre el hombre occidental ha llegado a ser tal, que difícilmente se les imputa, ante sus más descaradas guerras preventivas, la condición de agresores. Y esto ha ido en aumento, lo cual es signo de la próxima verificación de lo que anticipo. Me acuerdo de cuando, todavía, los escándalos en la ONU obligaban a detenerse a los tanques de Moshe Dayan, o a retirarse algunos kilómetros de Sinaí o de Siria. O de cuando se proponía el reconocimiento de Jerusalén como centro religioso de las tres religiones monoteístas, o a reconocerles a los palestinos su lugar allí. Hoy eso se acabó: los judíos tienen carta blanca para hacer con los palestinos lo que quieran. Con los palestinos… y con otros.

    Así, desde el punto de vista psicológico y “moral”, creo que Israel está en condiciones de –es decir, puede– extender sus empresas de dominio político y territorial mucho más allá de sus exiguos límites actuales.
Pero, claro, falta el otro punto de vista: el punto de vista material, su poder de combate. Y bien, creo que, en esto también, puede. Puede, en primer lugar, porque toda la tecnología bélica de Occidente y EE.UU. está en sus manos
3. Como cuando la más alta tecnología bélica norteamericana pasaba a los rusos, por espionajes y complicidades de
los más altos funcionarios de la Secretaría de Estado y del F.B.I…. por “ósmosis”… así, Israel ha sido gratificado, ahora, como heredero del poder bélico americano: por “ósmosis”.
Y puede, no sólo porque tiene la “inteligencia tecnológica” americana. En el supuesto que ponemos, de la posible alianza entre Israel y los árabes, para el embate contra Occidente, contaría también con el potencial bélico
humano, la “carne de cañón” que Occidente no tiene. Humanamente, Occidente está terriblemente debilitado para toda acción bélica, ofensiva o defensiva. Y aunque Israel también lo está, porque está afectada por los mismos morbos que ha inoculado en Occidente, cuenta –contaría– con sus tropas de choque, los árabes: que, como bien sabemos, están dispuestos a todo y no están contaminados 4.

* Estas palabras están resaltadas por quien publica en el presente Blog, la obra del Federico Mihura Seeber .
1 – Que sin duda lo ha sido, para los judíos. Y esto es lo que, a mi entender, explica la demora de Israel para asumir el poder hegemónico. Porque siempre ha debido cuidarse de no ir a “pasarse de la raya”, y despertar el instinto de defensa de Occidente.
2 No le tembló la mano para hacerse cómplice –o quizás más que cómplice, autor intelectual– en el ataque a las torres gemelas. Fue éste un notable antecedente, simbólico y limitado, de esto que estamos prediciendo. Porque, con toda probabilidad, fue allí Israel, a través del Mossad –y con la complicidad de altos funcionarios de la defensa americana– quien impulsó a la ejecución del atentado por terroristas musulmanes de Al Qaeda.
3 Esto, que ya suponía, me fue confirmado en la conferencia, que vi por video, del musulmán Imran Nazar Hosein. Me refiero más adelante a este interesante personaje, de quien extraje algunas pistas para lo que escribo, aunque disiento con él en el aspecto más importante de sus predicciones.
4 – Con la salvedad que pongo más adelante (p.20): un poquitín contaminados están. Pero, comparativamente…

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