Demonios encarnados

MASACRAN A 70 CRISTIANOS EN EL CONGO

“Los dioses de los gentiles son demonios” dicen las Sagradas Escrituras, en los Salmos (96, 5) y en nuestros días, el asesinato de 70 cristianos en una iglesia, lo confirma.

El informe de InfoCatólica se titula: “Decapitan a 70 cristianos dentro de una iglesia en el Congo. Un grupo filial del Estado islámico”.

Fue en Zasanga, Provincia de Kivu del Norte, al este de la República Democrática del Congo, en una iglesia del Centro Evangélico y Bautista del Congo y África (Cebcea); entre los decapitados había niños, mujeres y ancianos, quienes días antes habían sido secuestrados por las Fuerzas Democráticas Aliadas, grupo yihadista, asociado al Estado islámico.

Esa República, junto con Ucrania, es el país que más dinero ha recibido del USAID, foco de corrupción, inventado e impulsado por el Partido Demócrata de los Estados Unidos.

La raíz de la barbarie se encuentra en El Corán, del cual tenemos a la vista, una magnífica edición de Gallimard, París, 1967, traducida por D. Masson en dos tomos, que hemos leído hace años durante una dolencia, que nos obligó a guardar reposo.

El Corán se divide en capítulos llamados Suras y en versículos denominados Aleyas.

En Sura I, Alá se presenta como el “Misericordioso”, pero ya, en la Sura II amenaza a los incrédulos a quienes “un terrible castigo los espera” (7, en p.4); amenaza que se repite en seguida: “Su corazón está enfermo, Alá agrava esta enfermedad, un castigo doloroso será el precio de sus mentiras… ¡Ellos perderán la cabeza!” (10 y 15, p.5).

En la misma, Sura continúan las promesas del castigo a los incrédulos, quienes serán “huéspedes del fuego y en él permanecerán inmortales” (39, p.9).

Más adelante, aparece un buen consejo a los adoradores de Alá: “Sed buenos respecto a vuestros padres, a vuestros prójimos, a los huérfanos y a los pobres” (83, p.16).

En la aleya 178 aparece la confirmación de la ley del talión: “hombre libre por hombre libre, esclavo por esclavo, mujer por mujer” (177, p.33). Esta ley es derogada por Jesús con su autoridad divina, en el Sermón de la Montaña (Mateo 5,18-22).

Más adelante continúan los textos guerreros: “No seáis transgresores… A ellos,
matadlos donde los encontréis… Si os combaten matadlos, tal es la retribución de los
incrédulos” (193, p.36).

“No hagáis de Alá objeto de vuestro juramento” (224, p.43); lo que está bien y “Los
hombres tienen preeminencia sobre las mujeres” 228, p.44), lo que está mal.

La Sura III comienza con otra amenaza: “Un terrible castigo está destinado a quienes
no crean en los signos divinos. Alá es poderoso. Es el Maestro de la venganza” (5, p.60).

“Alá es terrible en su castigo”. Dice a los incrédulos: “seréis reunidos en la Gehena, detestable lecho de reposo” (12, p.61).

“La Religión, a los ojos de Alá, es Sumisión” (19, p.62), falso, porque es el
reconocimiento por parte del hombre, como criatura de Dios, como Creador, principio
absoluto de ser y de gobierno.

“Los ángeles dicen: ¡Oh María! Alá te anuncia la buena nueva de un Verbo emanado de
él. Su nombre es el Mesías, Jesús hijo de María, ilustre en este mundo y en la vida futura” (41, págs. 66/7). Pero Cristo es mucho más que eso, en la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Para terminar: “Nosotros no adoramos más que Alá y no le asociamos nada” (64, p.69). O sea, niegan la Trinidad, por eso, su dios no es nuestro Dios.

Repetimos para que quede claro: Alá, el dios inventado por Mahoma, no es nuestro
Dios, Uno y Trino. Por eso, es increíble lo escrito en la Declaración “Nostra aetate” del Concilio Vaticano II acerca de la religión del islam: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra… veneran a Jesús como profeta…honran a María… y a veces también la invocan devotamente” (Documentos del Vaticano II, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1968, p.615).

Los textos transcriptos del Corán son suficientes para que nuestros lectores juzguen
con objetividad los errores de la declaración conciliar.

Alá, a quien los musulmanes rinden el culto de adoración, o sea de latría, es un ídolo, lejano e inmisericorde, disfrazado de misericordioso. Mientras nuestro Dios trinitario predica el amor incurso a los enemigos, el Corán fomenta el odio y el asesinato de los “infieles”.

Esta vez fueron incluso mujeres, niños y ancianos, decapitados con machetes, con las
manos atadas a la espalda, según consta en las imágenes grabadas y difundidas por los
asesinos. Toda esta barbarie ha sido silenciada por los principales medios de comunicación y sus opinólogos profesionales.

En España, en el ámbito episcopal, solo el obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio
Munilla se hizo eco del atroz suceso, de este genocidio de nuestros hermanos evangélicos y en el campo político, se alzó solo la voz de Santiago Abascal para condenarlo, como nos informa Infovaticana (redacción) el 24 de febrero.

En la Argentina silencio total de los evangélicos y de los obispos bergoglianos, tan
numerosos como vulgares, tan prestos a las ligeras opiniones en materias políticas, sociales y económicas, a las críticas, a veces justificadas, al payaso que nos gobierna, lacayo de los Estados Unidos, con quien, supera ampliamente a Menem, en la profundidad de sus relaciones carnales.

Ningún político, tan ocupados de las internas partidarias, ningún organismo de los
comisionistas que lucran con los derechos humanos, ningún grupo católico ecuménico,
protestó contra la masacre de nuestros hermanos separados. Hace unos años fueron 21 los obreros coptos asesinados en Libia, ahora son 70 los evangélicos congoleses, sacrificados por el solo hecho de ser cristianos.

Dios, nuestro Dios trinitario, absolutamente justo, en quien no existe acepción de
personas, ya ha juzgado e incorporado a estos 70 masacrados al ejército de los mártires, también algún día juzgará a los asesinos del Estado islámico y a todos los cristianos quienes, como falsos hermanos, son indiferentes ante la tragedia africana.

Buenos Aires, febrero 25 de 2025. Bernardino Montejano

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