EL ANTICRISTO – 3ra Entrega – Federico Mihura Seeber

Penúltima entrega del Prólogo del Anticristo…

Si el lector se pregunta ¿por qué las secciones de texto tan largas? La respuesta es que para interiorizarse en el tema que nos toca, y –como decíamos en la primer entrada– para ser quienes lo leamos, como las vírgenes prudentes: se requiere que nos demos por un rato a lectura de modo que permanezca en nosotros, la inquietud de buen cristiano que nos transmite el autor. De modo que evaluemos estas enseñanzas suyas –apoyadas en las Escrituras y aplicadas a la realidad–, como quien sabe de la dignidad e importancia de pertenecer a la Comunión de los Santos. Continuemos leyendo:

Hasta aquí nuestro hipotético “futurible”. Es posible que Israel se esté preparando para dar su “zarpazo conquistador”, que haga explícito y manifiesto el poder que ya posee implícitamente.

¿En qué explicaría esta hipótesis lo que hoy está pasando en el mundo árabe? Como ya lo he dicho: este caos en el mundo musulmán puede estar dirigido a secundar este proyecto conquistador de Israel.

Reconozcámoslo: la imagen que presentan los medios de información del caos actual, no se concilia con la que se requeriría para el supuesto proyecto israelí: la de masas de fanáticos, ávidos de sangre occidental. Al contrario, aparecen como masas domadas, ávidas más bien de los beneficios que ofrece el mundo occidental capitalista, y dispuestas a adoptar el modelo: libertad de mercado, pacifismo y democracia.

¿Creeremos en esto a los medios? Ya dije que no parece sensato hacerlo. Pero supongamos que “algo” de lo que los medios dicen sea verdad. Porque sin duda que el mundo musulmán viene siendo trabajado por la propaganda de Occidente, desde hace bastante, con la solicitación de la “buena vida” capitalista y el hedonismo. Y sabemos que algo de esto ha prendido: testigos los kuwaitíes, y los sauditas, y Bahrein, y otros. Pero hay otra cosa que no dicen: su odio a Occidente y a su pasado cristiano, y su persistente fundamentalismo.

No lo dicen, no suelen decirlo de los anteriormente nombrados, en cuyas capas dominantes conjugan, precisamente, ambas cosas: “beneficios” del capitalismo hedonista, y fundamentalismo. Pero no lo dicen, tampoco, de la actual pueblada, en la cual es mucho más lógico suponer la vigencia del fundamentalismo fanático. No lo dicen… ¿quién no lo dice? Los medios. Y los medios, ¿a quién responden? Hoy ya casi lo hemos olvidado, hasta los más prevenidos, que los medios, Prensa y Televisión, Agencias Informativas, responden, casi en su integridad, a los intereses y las consignas judías…

Ahora bien, si suponemos la injerencia judía en la información mediática, y les atribuyéramos a éstos el proyecto anticipado, ¿no deberían más bien decirlo? ¿No deberían enfervorizar a los árabes en su odio a Occidente, presentando la revuelta como dirigida esencialmente contra él? Durante todo el tiempo en que Israel debió movilizar a la opinión occidental en su apoyo, los árabes eran presentados como un peligro de muerte para Occidente; cuando, sin duda, no lo eran. Occidente era alertado contra ellos, exagerándose su peligrosidad 5.

Pero ahora sería distinto… ahora es distinto. Ahora, en el supuesto de una intentada alianza con ellos contra Occidente, los medios judíos deberían hacer… precisamente lo que están haciendo. Acallar las motivaciones de fundamentalismo agresivo en los árabes para adormecer a Occidente. Así se explicaría, a mi entender, la imagen de esta milagrosa conversión de las masas musulmanas al igualitarismo democrático y a los “beneficios de la libertad”. Esta imagen que Occidente se traga con alivio.

Se explicaría, también, el embate contra los viejos líderes autóctonos: Mubarak, Khadafi, los jeques…; cipayos todos ellos, colaboradores con Occidente. Que si bien son “de ellos”, como dije antes –son árabes y musulmanes– han acumulado también bastantes iniquidades con su gente como para ser odiados.

Sin embargo, estos cipayos eran los que mantenían a los países árabes en una relativa tranquilidad y cohesión, e inofensivos para Occidente. Eliminadas estas Jefaturas, los árabes parecen quedar enteramente descabezados, y próximos a la anarquía. Es uno de los temas sobre los que alertan los medios: los problemas de la “transición”. Pero si la “transición” va directamente a gobiernos democráticos, la anarquía es segura; como ya se sabe, los pueblos árabes no están “preparados para ejercer la democracia” (por suerte para ellos, porque no están todo lo corrompidos que debieran). Y, si quedan transitoriamente a la cabeza las fuerzas armadas, probablemente van también a la anarquía, al menos inicialmente, hasta que surja un líder entre ellos 6.

De modo que, a Israel, el problema se le plantea así: un mundo árabe políticamente desquiciado, ya fuera por la aventura democrática, o por el gobierno de las fuerzas armadas –porque, en este último caso, el surgimiento de un líder no se dará de la noche a la mañana, sino que será precedido por tremendas pujas de poder, asonadas y asesinatos. Por otra parte, un Occidente –un EE.UU.– que “no quiere más Lola”. Los vaivenes, dubitaciones y torpezas de Barak Obama parecen anticipar esto: la retirada a cuarteles de invierno –y de primavera, y de verano…–, que se producirá después de “borrar con el codo, EE.UU., lo que escribió con la mano”: su apoyo a los cipayos. Ahora, por “fidelidad” democrática y humanitaria, EE.UU. está a punto de usar la fuerza contra los líderes musulmanes –Khadafi, por ahora– antes avalados por él. Con lo cual, una vez más, EE.UU. va a hacer el trabajo sucio, en beneficio de… Israel 7.

Porque si esto llega a ser así, ¿no va a intervenir Israel –tan callado, tan callado hasta ahora– en el desquicio árabe, para imponer orden? ¿No va a repetir la misma política de Occidente, que puso orden atrayendo hacia sus propias políticas a los jefes árabes victoriosos?

Israel puede, pues, creo que puede, someterse a sí mismo al mundo árabe. Puede, por todas estas razones: 1) porque tiene superioridad intelectual, “científico-tecnológica” sobre ellos, y superioridad estratégicomilitar: saben lo que quieren, y como se consigue; 2) tienen de hecho, ya, una enorme superioridad industrial y bélica sobre ellos; y 3) tienen una unidad política monolítica: Israel, pese a su exigüidad territorial y a la discontinuidad de su población 8, es una plataforma de lanzamiento ideal para cualquier empresa de conquista. Los árabes, en cambio, amén de su dispersión política, han demostrado la más absoluta incapacidad para unirse detrás de objetivos comunes. La “causa árabe” ha sido la cosa más traicionada de la historia. Ni Nasser, ni Sadam Hussein, consiguieron unir a los árabes contra Israel, ni Ahmadineyad lo va a conseguir ahora.

En consecuencia, si Israel quiere, puede, hoy, darle a los árabes una paliza descomunal. A todos ellos –o a uno por uno, porque son incapaces de unirse. Y esto, hoy, sin la ayuda de EE.UU.

Pero no lo va a hacer. Porque no quiere. Obviamente, según la hipótesis que he propuesto: la convocatoria a los musulmanes para una anti-cruzada contra Occidente 9, liderándolos.

Pero las condiciones están dadas. Las condiciones están dadas para que los judíos encabecen el odio milenario contra la Cristiandad.

¿Contra la Cristiandad? Por supuesto que no la Cristiandad auténtica, sino contra ésta, su versión degradada. Pero que sigue siendo, a los ojos del mundo oriental, la “Cristiandad”. También para los judíos. Los cuales, por más que hayan sido agentes principales de su degradación, quieren su remate.

Ciertamente, esta Cristiandad degradada ha corrompido al mundo entero. El mundo entero está corrompido por la democracia liberal y el capitalismo, que proceden de un cristianismo pervertido. Todos están corrompidos, pero cada uno a su manera. China, por ejemplo, está corrompida económica y culturalmente, pero allí el comunismo no ha cedido a la democracia; mantiene un poder fuerte. Arabia Saudita, Bahrein y demás, están corrompidas en sus niveles pudientes, pero mantienen en su legislación el fundamentalismo más estricto, impertérritos. Y los judíos… los judíos también. También ellos han quedado corrompidos por los virus inoculados en Occidente. Pero, como en los árabes, su corrupción convive con un fundamentalismo teológico y moral, legalista y convencional, propiamente farisaico.

Y aquí está la cuestión: sólo Occidente (Europa y EE.UU… y nosotros) está coherentemente corrompido. No mantiene ni rastros de “fundamentalismo”. Lo cual hace, a Occidente, boccato di cardinale para quien quiera comérselo. Porque el denostado “fundamentalismo” es el sustrato anímico de toda voluntad de poder. Occidente no tiene ninguna voluntad de poder, porque no es “fundamentalista”, no cree en nada fundamental.

Israel sí la tiene. Tiene voluntad de poder. Porque cree en algo fundamental: la vocación mesiánica de Israel.

Los musulmanes también tienen voluntad de poder: creen que Allah es grande y les dará el triunfo 10.

Pero Israel puede. Los árabes no pueden. Es decir, ninguno de los dos puede solo. Pero si Israel aporta el know how, y los árabes su coraje fanático…

Todo casa… sí que casa.

2. Paréntesis de auto-crítica y auto-justificación

Soy conciente de que todo esto que he pensado y escribo puede ser, en primer lugar, un gran “bolazo”. Un disparate, un delirio.

Puede ser que aquí no pase nada, nada de la envergadura que vaticino. Puede que en quince días nos hayamos olvidado del sensacionalismo de las últimas noticias: de Mubarak (ya nos olvidamos), de Khadafi y de tutti quanti. Es lo que suele pasar con las noticias sensacionales en los últimos tiempos. Como ya nos hemos olvidado de la crisis de Wall Street y las finanzas internacionales 11, o de los desastres ecológicos. Puede que todo lo escrito sea un gran bolazo, pero puede que no.

Por lo pronto, casa, es coherente. No basta, sin duda con que una hipótesis sea coherente para que sea verdadera. Pero vale a la inversa: todo lo que es verdadero es coherente. Tiene que llevar, al menos, la nota de la coherencia lógica.

Pero pasa también que, cuando uno se enfrasca en la elucubración de una teoría que le parece coherente, porque “casa”, uno mismo, también, “se casa” con ella. Aquél que se prendió a la idea de que los negros son negros porque están tostados por el sol, vaya Ud. a decirle que no es por eso sino por la selección natural. Se resistirá a admitirlo. Y si Ud. le muestra a un negrito nacido en Suecia de tres generaciones, seguramente inventará hipótesis supletorias para explicar la anomalía. Es, lo reconozco, lo que nos suele pasar a los “conspirativistas”. Hay hechos que hacen flaquear nuestra interpretación: entonces proponemos causas –“conspirativistas” también, muchas veces–, para que nuestro andamiaje conspirativo no se derrumbe. Nos prendemos a la teoría que propusimos. Nos hemos “casado” con ella. Y esto pasa, la mayoría de las veces, por razones de vanidad. Al casarnos con la teoría, nuestro prestigio corre su misma suerte.

No es mi caso, en este caso. No tiro esta hipótesis para ver “si la pego” y la cosa se da como digo; no lo hago para ganarle a nadie en los pronósticos. No lo hago, ni siquiera, por el prurito de presentar un inteligente análisis político, que después pudiera publicar y hacer con él “curriculum”. Se acabaron los tiempos para esto último, y la publicación de estas cosas puede ser más bien peligrosa que promocionante.

Lo hago porque me siento obligado a hacerlo. Me siento obligado a hacer de vigía. Y aunque ya es bastante permanecer vigilante en estos tiempos por uno mismo, también me siento obligado a hacer de vigilante para los demás. Y esto que pienso y escribo creo que puede ser útil a los demás, útil para prepararse. Puede que no, desde luego, si es que resulta un bolazo. Pero aunque llegara a serlo, no está de más tomárselo como si no lo fuera. Nada se pierde con ello. Es sólo una hipótesis. Pero esto pasa con las hipótesis: que aunque no se las compartiera, se las puede asumir como si fueran verdaderas. Si es que son, por lo menos, coherentes.

* * *

5 – Debe retenerse esto, para confrontar la hipótesis del mencionado Hosein. Si, como él supone, los judíos estuvieran trabajando para justificar un ataque contra los árabes, las agencias informativas judías deberían informar en el sentido que siempre lo han hecho: exagerando la peligrosidad para Occidente de la revuelta árabe. Y no es así, sino al contrario…

6 – Y esto mismo va a ser seguido muy de cerca por Israel. Porque el líder militar árabe surgido de las luchas por el poder tiene antecedentes. Fue lo que llevó a la consolidación de regímenes nacionalistas árabes, potencialmente peligrosos para los judíos, como Nasser, Mubarak, Sadam Hussein, el propio Khadafi.

7 – Debo recordar que esto está escrito en marzo del 2011. Por razones que no conozco, no fue EE.UU. el encargado del “trabajo sucio”, sino Europa y la OTAN. Ver más adelante, mi Epílogo.

8 – Israel –la moderna República de Israel– es el único ejemplo histórico de Estado-nación “de paso”. A partir de la instauración del “hogar nacional” en Palestina y la continuidad, pese a ello, de la Diáspora –la “doble nacionalidad” de los judíos modernos–, Israel es, poblacionalmente, un estado “en circulación”. Lo cual no ha afectado, en lo más mínimo, su identidad política. Como tampoco las alternancias de su régimen democrático “a la occidental” han afectado la persistencia de sus objetivos políticos.

9 – En esto radica mi disidencia “premonitoria” con el mencionado Hosein. Porque él supone que, a la inversa, Israel se prepara para darles la “paliza descomunal” a los árabes, con el apoyo, o el beneplácito, de Occidente. Para mí, está desactualizado (creo que la conferencia es de los años 90) y se apoya sobre un falso supuesto: el de la enemistad eterna entre árabes y judíos.

10 – Otra disidencia, acá, con el musulmán aquel del video. Su inteligente análisis políticoprofético falla en dos cosas fundamentales. Una, la que dije, que Israel vaya a provocar a los árabes para darles la “paliza descomunal”. Pero la otra es más desandada todavía: que el Islam terminará imponiéndose él, sobre el mundo. Y esto ya no es inteligente análisis político sino mera expresión de deseos, alimentada por un mesianismo místico, que lo hace descolgar a Alá, como “Deus ex machina”, para darles el triunfo final.

11 – Nueva advertencia sobre la época en que escribí esto. Posterior a la crisis que desató la quiebra de Lehman Brothers, pero anterior al coletazo que le siguió en Europa.

 

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