EL ANTICRISTO – 4ta Entrega – Federico Mihura Seeber

Concluimos aquí el Prólogo del libro El Anticristo…  Iniciamos esta entrada retomando la visión que el autor tiene de nuestra época e insistiendo en el modo de perfilarnos ante la misma, que él nos propone: 

La causa de la actual conmoción no está a la vista. Hay que buscarla con un poco de agudeza. Y, para ello, sugerir hipótesis. Si esto es ser conspirativista, todo filósofo y todo científico es conspirativista, porque no se deja engañar por las apariencias.*

Lo del “bolazo”, o “gran bolazo” que dije, reposa sobre la extremada inverosimilitud de la predicción. La mayor de todas, la del “zarpazo conquistador” de Israel sobre Occidente y los EE.UU… Esto, ¿hoy día? ¿Un ataque relámpago, una blitzkrieg, subitánea e inesperada? ¿Un hecho bélico de esta magnitud, en un mundo “pacificado”? Claro que lo de la “paz” es mera apariencia. Pero nos hemos acostumbrado a que esta paz aparente sea la regla de juego, aún para el emprendimiento de guerras parciales de rapiña, o de guerras para “asegurar la paz”. Todas estas guerras se han hecho bajo el simulacro de un mundo pacificado. ¿Y ahora yo anticipo una conflagración universal, una Tercera Guerra Mundial?

Inverosímil, inverosímil… Pero si antes he reconocido, en detrimento de la veracidad de mi hipótesis, que a ella no le bastaría con ser coherente para ser verdadera, ahora debo alegar, en favor de la misma, que no por ser inverosímil necesariamente es falsa. Puede ser verdadera, siendo invero-símil. No sería la primera vez, la primera vez que algo inverosímil ocurre en la realidad. Como era inverosímil el derrumbe de la Rusia soviética, dos meses antes de que ocurriera12.

Pero de todos modos es cierto: esto que anticipo es inverosímil. La avanzada de Israel, encabezando a los árabes, contra Occidente…

Porque –está claro también– faltaría el casus belli. ¿A cuento de qué se tiraría inopinadamente Israel contra EE.UU., ex abrupto? Y ello, encabezando a los árabes. ¿Con qué motivo? A los motivos profundos de la posible alianza entre la Estrella de David y la Media Luna contra Occidente ya los he mencionado. Pero, ¿el motivo puntual, el motivo concreto? ¿De sopetón, de la noche a la mañana? Por mucho odio que hayan acumulado los musulmanes en siglos de dominación occidental sobre ellos, y por grande que sea la voluntad de poder explícito de Israel, ¿cómo? ¿Cómo salir de la impasse pacífica en la que está el mundo, y acostumbrado a ella?

Falta el casus belli. Falta el motivo para una conflagración al estilo de las Guerras Mundiales. Pero, como todo el mundo sabe, los casus belli, cuando no existen, se inventan. Y aquí va la hipótesis de uno, que bien podría desencadenar la cosa.

El petróleo de Medio Oriente. Ésta es una de las pistas que me dio el video con la conferencia de aquel musulmán bastante avispado. Israel quiere el control del petróleo de Medio Oriente. Pero es más: si Israel se está preparando para hacerse del poder mundial, de la manera antedicha, es lógico, es logiquísimo, que quiera tomar el control de los pozos, de Irán, de Irak-Kuwait, de los emiratos, de Arabia Saudita. Y en el supuesto de una alianza con los árabes, ¿le costaría tanto ganarse la benevolencia de sus dueños? ¿Le costaría asumir su control, en el supuesto de una causa común? Creo que no. EE.UU. y Europa lo consiguieron sin ninguna causa común 13, y sólo mediando la traición a su gente de los cipayos árabes. Ahora, al contrario, la alianza petrolera entre los árabes e Israel sería lo natural.

Y esto podría ser el casus belli, y desencadenar el conflicto. ¿Cómo? Sencillamente, retaceando los árabes los suministros a Occidente, yugulándolo así, económicamente, y provocando su reacción. Reacción que podría ser armada, o sólo económica 14. ¿Y entonces? Entonces sale Israel en apoyo de sus hermanos semitas –ahora nuevamente hermanos– y se convierte en su campeón.

Y… el zafarrancho.

Pero hay otra cosa más, que podría ser motivo para Israel, para lanzar el zarpazo, y esto ya no entra dentro de las motivaciones a ser consideradas en un análisis político-estratégico “serio”. Pero es una posibilidad que debe ser tomada en cuenta.

La arbitrariedad. ¿Cuál motivo? Ninguno, perché me piace. Si la voluntad de Israel es hacer manifiesto y reconocido su poder soberano, una ostentación de esta soberanía, y una seguridad de amedrentamiento para el futuro de parte del dominado, es… la paliza. La paliza, aun injustificada, “para que aprendas” 15.

Pero a todas estas razones que he aducido en apoyo de mis predicciones, he de añadir ahora lo que me parece un aval a las mismas en las Escrituras proféticas.

3. ¿Y el Anticristo?
    No voy a ocultar el hecho de que, en esta interpretación de los hechos actuales y su posible derivación futura, ha actuado en mí, como background, la Profecía. ¿Me confirman los hechos las predicciones apocalípticas, de un modo, por decirlo así, espontáneo y no buscado? ¿O más bien estoy forzando la interpretación de los hechos, para amoldarlos a preconceptos apocalípticos? Probablemente, ambas cosas sean verdaderas. Pero es que nadie puede decir, cuando interpreta la historia a la luz de la Revelación, cual de estas visiones, si la “ascendente” o la “descendente”, prima sobre la otra. Así, por ejemplo, con respecto a lo que estoy tratando, el mero análisis político me induce a pensar que nos aproximamos a un desenlace, en el cual los judíos, con el apoyo de los árabes, intentarán doblegar la supremacía occidental y norteamericana. Y ello me remite a la Profecía, que nos dice que la barrera del Eufrates quedará cegada, dejando paso libre a los pueblos del Este. O a la premonición de Lactancio de que “la soberanía volverá al Asia”. O a la avalancha de las huestes de Gog-Magog. Camino ascendente: de los hechos a la Profecía.

Y cuando, a la inversa, leo en Daniel, que hacia el fin de los tiempos:

[… un] poder crecerá, no por sus propias fuerzas […] y destruirá a poderosos […] Por sus prosperidades y por el éxito de sus intrigas se llenará de arrogancia su corazón, y hará perecer a mucho que vivían apaciblemente (8, 24).

    ¿Cómo ilumina esto, desde la Profecía –es decir, en camino “descendente–, mi interpretación de los hechos actuales? Porque, en estos hechos, es indudable que el poder de los judíos ha crecido a la sombra de los poderes occidentales, o sea no “por su propia fuerza”. Y que ha prosperado conspirativamente, es decir, “por la intriga”. Y que, según lo adelanto, este poder ejercido desde el anonimato y per interpositam personam debe hacerse explícito, ya que quien ejerce así el dominio no se conforma con ello, sino que aspira a las galas y a las dignidades del poder, o lo que es lo mismo, porque “su corazón se llena de arrogancia”. Y por último, lo que ya es puro vaticinio pero que, fundado en la coherencia de lo anterior, me alerta sobre el posible desenlace bélico, el hecho de que “hará perecer a muchos que vivían apaciblemente”.

Pero, sin duda, quien haya leído a Daniel, me objetará lo obvio: esta profecía está referida al Anticristo, y no a los judíos… A lo que contesto: precisamente, el Anticristo saldrá de los judíos 16. Saldrá de los judíos triunfantes.

Y, puesto que saldrá de ellos, los representará de modo personal, y modélico. Sus cualidades y gestas serán como una “condensación” de las de su estirpe.

Respecto de la cuestión de si el Anticristo será una persona, o si será un movimiento o conjura colectiva, escribí en De Prophetia 17 que la cuestión no puede ser resuelta si no es suponiendo un intermediario entre la masa anónima y el individuo dominador. Porque el caudillo no surge de la masa directamente, sino por intermediación de una élite que, perteneciendo al espíritu de la masa, se destaque dentro de ella por una voluntad aristocrática de dominación. Proponía esta explicación, porque me resultaba –y me resulta– imposible concebir a un “caudillo” surgiendo de esta masa amorfa que es el mundo posmoderno de la dominación light, y que es, ya, “anticrístico”. Y propuse entonces la hipótesis de una élite mediadora que compartiera el espíritu del dominio light, democrático y hedonístico, con el del dominio político hard, con voluntad de poder y de reconocimiento honorífico.

Y bien, esta élite, en cuanto participando del estilo de vida de la sociedad occidental, y surgiendo de ella, con voluntad de poder, bien podrían ser los judíos. Pero también lo serían como élite semita, mediooriental, liderando a los árabes. Los actores del conflicto que se está desatando ante nuestros ojos adunan, precisamente, estas dos modalidades del poder que son, prima facie, contradictorias entre sí: el eficacísimo poder de seducción, por la oferta de los beneficios del mundo democrático-hedonístico, y el mantenimiento de estructuras de poder autoritarias y belicosas. Poder de seducción y poder coactivo se resumen en estos actores del drama. Y no sólo en los judíos.

En los judíos, desde luego. Sus grupos ortodoxos mantienen el cerril legalismo de la Torá, y un inclemente rigorismo moral; sus masas liberales y occidentalizadas han asimilado todas las lacras morales de europeos y norteamericanos.

Pero los musulmanes también. Como ya lo he dicho, sus clases directivas pudientes rivalizan en corrupción con las más degeneradas de Occidente, pero mantienen una férrea legislación fundamentalista; y las masas ya han empezado a gustar las delicias del mundo desarrollado, si –como también dije– algo de verdad llevan los medios cuando atribuyen a la actual revuelta las aspiraciones de “igualdad económica” de los árabes.

Si lo que digo es verdad, entonces los “ingredientes” están dados, para cocinar el guiso que producirá al Antricristo personal. Poder de seducción, light, y poder de coacción violenta, hard.

Sólo falta que cuaje. O, más bien, que esté a punto.

Para que “se llene su corazón de arrogancia, y haga perecer a muchos que vivían apaciblemente”.

* * *

    Pero ahora debo añadir que tenía otra cosa in mente, al tiempo de elucubrar sobre estas cosas: las descripciones que trae el Apocalipsis en su predicción de la “caída de Babilonia”. Porque ellas concuerdan luminosamente con la profecía de Daniel, en su aplicación a mi interpretación. Recordemos el texto:

Cayó, cayó Babilonia la grande, que embriagaba a todos los pueblos
con el vino de su fornicación (Ap.14, 8).

    Y bien, Babilonia debe caer antes del triunfo del Anticristo.

Babilonia, en la interpretación obvia de quienes, como Newman y Castellani (sólo en esbozo el primero), llegaron a conocer al mundo moderno, capitalista y opulento, es este mismo mundo, ateo y materialista, rico y seguro de sí mismo. La “Gran Urbe Capitalista”, al decir de Castellani, es aquella “ramera, sentada sobre las grandes aguas” (Ap. 17, 1), que son “los pueblos, las muchedumbres, las naciones y las lenguas” (ibid.), significándose con lo de “grandes aguas”, sin duda, el basamento comercial de su hegemonía global. No hay ninguna duda que, aplicada a nuestro tiempo, esta Gran Ramera representa admirablemente al Primer Mundo capitalista, que es “Urbe”, porque ha desalojado al mundo campesino; y que, porque es “Ramera –madre de rameras” (ibid.)– “ha embriagado a todos los pueblos con el vino de su fornicación”. Y puede estar representada por cualquiera de las capitales del Primer Mundo, pero quizás más que ninguna otra, por Nueva York.

Esta “Babilonia” será destruida, según el texto del Apocalipsis, antes de la manifestación del Anticristo. Y por acción del Anticristo, o de sus huestes 18. Porque también está escrito:

Los diez cuernos […] igual que la bestia, aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda. Porque Dios puso en su corazón ejecutar su designio, y dar a la bestia la soberanía sobre ella (Ap. 17, 16).

    Interpretación obvia, pues. El Anticristo –la bestia–, secundado por otras fuerzas –los diez “cuernos”–, acometerá a “Babilonia” para imponer su soberanía sobre ella.

Y esto nos suena extraño a los fieles. Porque los que vivimos en Babilonia la tenemos, ya a ella, como el extremo y el non plus ultra de la perversión “civilizada” y de la apostasía de Cristo. Sin embargo, por lo visto, hay más, para nuestra desilusión. Hay “plus ultra”. Y si resulta que es el mismo Anticristo quien destruye a Babilonia, entonces… ¿¡bien por el Anticristo!? El enemigo de mi enemigo, ¿será en este caso mi amigo?

Pero no. Hemos de recordar también que el Imperio Romano pagano, enemigo y perseguidor de los cristianos, fue considerado, por los Padres, katéjon, es decir, obstáculo para la manifestación del Anticristo. De modo que no es necesario ser cristiano, o aliado de Cristo, para interponerse en el camino del Anticristo.

Y aquí nos reencontramos con mi interpretación. Esta cosa mala, y muy mala, que es la actual Babilonia, si es terriblemente enemiga del nombre de Cristo, lo es a su manera, light. No persigue ostensiblemente.

Y, así, no hace lugar al tipo de dominación, igualmente enemigo del nombre de Cristo y perseguidor, a la manera “hard”. Y ésta es la persecución que –temblemos, porque ya teníamos bastante con la light– debería ejercer el Anticristo, si ha de responder a la figura que de él nos da la tradición. Tiene pues, Babilonia, que hacerle lugar al Anticristo, al Anticristo personal (porque Babilonia ya es “Anticristo”, pero Anticristo “social”, o “cultural”). Tiene que hacerle lugar para que se manifieste.

Pero volvamos a mi interpretación. Esta caída de Babilonia, que el Apocalipsis da como previa a la manifestación del Anticristo, puede muy bien estar indicando el hecho que anticipo: el fulminante ataque de los judíos (¿“heraldos” del Anticristo?) sobre el Primer Mundo occidental, focalizado quizás ejemplar y disuasoriamente en Nueva York, su ciudad emblemática.

Y que, como corresponde al tipo de poder que se avecina, será a la manera hard. Muy hard. Vale la pena releerlo:

La gran ciudad se hizo tres partes […] la gran Babilonia fue recordada delante de Dios […] y quedó convertida en morada de demonios […] Cuantos bregan en el mar se detuvieron a los lejos, y clamaron al contemplar el humo de su incendio (Ap. 16, 19; 18, 2 y 17).

Hard, y subitánea:

¡Ay, ay de la ciudad grande, en la cual se enriquecieron todos cuantos tenían navíos en el mar, a causa de su suntuosidad, porque en una hora  quedó devastada (Ap. 18, 19).

    Los textos sobre Babilonia, como descripciones simbólicas del actual mundo capitalista, no tienen desperdicio19. Pero de ellos retengo aquí solamente esto: la predicción de un ataque aniquilador sobre él, con armas devastadoras, recayendo sobre una ciudad desprevenida y que “nada en la abundancia”. Un ataque así era humanamente imposible en el tiempo en que fue profetizado, porque ninguna gran ciudad podía ser deshecha en tres partes, en una hora. Y por eso –supongo– las interpretaciones antiguas y medievales tienen que haberle atribuido a la narración un sentido alegórico o, si literal, adjudicada a la acción directa de Dios, o al ministerio de los Ángeles.

Pero hoy… díganme si no es posible.

* Frases resaltadas por quien publica en el presente Blog, la obra del Federico Mihura Seeber.

12He descartado, más atrás (p.11), lo “inverosímil”. Pero ello aplicado a la causa inverosímil, aducida como explicación de un hecho patente. Distinto es el caso para la predicción de un hecho futuro que es, por serlo, contingente. Cuando para predecirlo uno se apoya, además –como se verá por lo que sigue–, en su anticipación profética, la inverosimilitud pierde mucho de su fuerza como disuasivo del asentimiento. Afirmar la futura resurrección de Cristo fundados en Su Palabra no hubiera sido, sin duda, en los discípulos, una afirmación temeraria, aunque era inverosímil el hecho.

13Conviene aquí recordar algo que las jóvenes generaciones no vivieron. En los años de la guerra fría, las mentes más esclarecidas de la derecha europea, como Maurice Bardeche, insistían sobre la perentoria necesidad, si Europa quería mantenerse independiente ante los dos bloques, de mantener o conquistar la alianza árabe, aduciendo la existencia de intereses comunes con ellos, y la complementariedad de las respectivas economías. Fundamentalmente, con el intercambio de petróleo por tecnología avanzada. Era obvio. Pero no ocurrió, porque no había una verdadera voluntad de independencia en las clases políticas europeas. En cambio de eso, lo que ocurrió fue el forzamiento de los árabes –instrumentando a los cipayos– para proveer de petróleo al Primer Mundo, a cambio de… del apoyo de Occidente a los judíos.

14Lo cual representaría una reedición de la trampa de Pearl Harbour, que tan buenos resultados le dio al poder político judío. Porque el Japón fue inducido a atacar la flota americana con el embargo de los envíos de petróleo, que condenaba a la debacle al Imperio del Sol Naciente.

15Creo que corresponde incluir acá una explicación diferida desde la p.16 (“se me objetará a esto lo obvio…”) . El motivo de un ataque judío contra Occidente, no ya en cuanto casus belli puntual, como podría ser el petróleo, sino el casus belli, por así decir, general o ideológico. Ya adelanté que la constante histórica de la alianza judeo-mahometana contra la Cristiandad, como motivo, tiene en su contra que la Cristiandad no existe más. La vieja Cristiandad ha quedado “judaizada”. Desde este punto de vista, el espiritual, Israel ya ha vencido. Insisto, de todos modos, en mi anterior argumento. Aunque Israel haya triunfado culturalmente, va por más. Va por el poder político explícito. Pero me queda todavía una duda. Porque si Israel ya ha desarmado anímicamente a Occidente frente a él, si el complejo pro-judío en Occidente es tan universal y automático, ¿qué necesidad tendría, aún para ser reconocido explícitamente como “soberano”, un ataque armado? ¿No le bastaría con requerir “buenamente” el reconocimiento formal de una sumisión con la que ya, implícitamente, cuenta? O si no tan “buenamente”, ¿no le bastaría con mostrar los dientes? ¿Reaccionaría EE.UU. ante un amago agresor de Israel? La dificultad, es cierto, me deja un poco perplejo. Pero, aunque se resuelva con lo que acabo de decir –la agresión “gratuita”– y con lo que he de abordar enseguida –la sugerencia de un ataque así en las profecías–, todavía se podría responder también desde el análisis político. Porque el dominio espiritual de Israel sobre Occidente no obsta a que, limitada y ocasionalmente, surjan reacciones indirectamente rebeldes a esta hegemonía. El lobby judío sigue denunciando la existencia de “brotes antisemitas” y xenófobos en Europa. Y en los EE.UU. algunos representantes de la opinión republicana muestran reflejos defensivos ante las posibles derivaciones fundamentalistas y anti-yanquis de la actual revuelta árabe. Sin duda que todas estas “reacciones” a la hegemonía judía o musulmana son totalmente inofensivas, pero –como siempre– son presentadas como si fueran peligrosísimas. Ahora bien, en esta misma línea de exageración de su peligrosidad, podrían devenir en pretexto para un ataque de motivación general o ideológica. Con un argumento soplado al oído de los musulmanes: “¿Ven? Occidente es irreformable; sigue siendo la vieja Cristiandad enemiga, que está al acecho. Hay que cascarla”.

16Esta opinión es común entre los Padres. Pero aunque no lo fuera. Es lógico: si el Anticristo “se parece a Cristo”, como lo repiten Newman y Castellani, casi cae de su peso que pertenecerá a la misma raza. Y, por otro lado, si la destrucción de la Cristiandad ha sido la obsesión de la judería, es lógico que el Anticristo, que dará remate a la obra, sea de ellos. Lo cual no contradice aquella otra opinión según la cual terminará por oponerse también a ellos, o a algunos de ellos. Porque el Anticristo rechazará a todos los dioses, incluso al de sus padres (Dan. 11, 36).

17De Prophetia y otros temas de actualidad, Gladius, Buenos Aires 2010, p.100, “Otra hipótesis sobre el Poder de la Bestia”.

18En mi hipótesis, pues, ¿será el Anticristo el que encabece a los judíos –y musulmanes–contra Occidente? ¿O será después del hecho, cuando los problemas derivados de su dominio global incite a los judíos a buscar un caudillo idóneo? La cualidad descollante del Anticristo cambia según los casos: será estratega en el primero, y estadista en el segundo. Y hay otra posibilidad, en cuanto al momento de su entronización: que ésta sea simultánea con su triunfo. Como cuando los jefes prusianos proclamaron el II° Reich, y a Guillermo emperador, en el salón de los espejos.

19El signo “Babilonia” no deja lugar a la más mínima duda en cuanto su asignación, si vale para nuestra época. ¿Qué puede ser, sino lo que decimos? A saber, el Primer Mundo Capitalista, esta “Babilonia” que produce todo tipo de bienes, necesarios algunos –commodities–como “vino, aceite, trigo, bestias de carga, ovejas” (Ap. 18, 12) y suntuarios los más –aparatitos inútiles–, como “oro y plata, todo objeto de marfil […] cinamomo y aromas” (ibid.) para traficar con ellos y alimentar el comercio mundial. “Los mercaderes en estas cosas se enriquecían con ella” (ibid.).

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