El Surgimiento de la cultura esponsal cristiana en las cartas de San Pablo (5)

El Surgimiento de la cultura esponsal cristiana en las cartas de San Pablo

Corinto: El matrimonio bajo el signo de la lujuria [4]
Los caminos de la sanación de la lujuria en el matrimonio cristiano,
por la gracia de Cristo

37) Y, ¿cuáles son los principios que va poniendo? En primer lugar, pone el principio de la castidad. Y para el varón. Ustedes saben que también entre nosotros, hoy, de repente, se va instalando la lujuria no sólo como una posibilidad sino casi como una obligación, como una ley ineludible del instinto, casi como un mandato. Todavía en una ciudad del interior del Uruguay me decían que si hay un hombre que es fiel los demás lo miran como diciendo: “Mirá, ¡Fulano es fiel…!” Parece que fuera ya una ley ser infiel. El varón queda así bajo la ley del pecado, bajo el imperio del pecado.

Pienso que en la Argentina por suerte no es así. Pero allá ya está siendo así. Y hacia ahí va esta cultura en la medida en que se va descristianizando.

38) “En cuanto a lo que me habéis escrito, bien le está al hombre no tocar mujer”. Hay traducciones que dicen: “abstenerse de mujer”. Acá dice: “no tocar mujer”. Porque, claro, en esa cultura erótica, imagínense… Venían los peregrinos a Corinto… ¡Ya decir que la castidad es buena es un principio…! Yo diría que Pablo es aquí un atrevido. Ponerse a decir eso… ¡Claro, porque es el principio de Cristo! La Castidad de Cristo. La Virginidad de Cristo, casi. ¡Y esto es de una osadía…! Porque es como decir: “¡Mirá que es posible! Y para un hijo de Dios es posible. Porque en ese ambiente se consideraría imposible. “¡No! ¿Cómo va a ser posible?” Además, parecería que fuera hasta malsano. “Andá a saber lo que te pasa”. ¡No! ¡Es posible! Empieza por ahí, por sentar un principio: bueno es para el varón no tocar mujer. No obstante, y viene como una concesión, “por razón de la impureza de la porneia tenga cada hombre su mujer y cada mujer su marido”.

39) Claro, porque aunque la castidad sea buena para el varón, tiene que lograrla, tiene que conquistarla, todavía no está en ella. Porque como está herido por el pecado original todavía no está en el poder de la castidad, Por lo tanto, en el matrimonio hay un remedio de la lujuria. Pero fíjense la nueva limitación: tenga cada hombre su mujer y cada mujer su marido. Pablo da aquí un nuevo paso en la dirección de la nueva cultura cristiana: la monogamia, que, aunque era norma para los cristianos provenientes del judaísmo, para los de ambiente pagano, era una gran conquista.

40) Primero, la castidad del varón. Después la monogamia. Segunda conquista. Vamos a tener una esposa y un esposo. Pongamos orden, porque si no… En esos ambientes sabemos cómo es.

41) Recuerdo que cuando fui a estudiar Teología a Holanda –sería el año 62-, comentando con un sacerdote de ese país, me dijo una cosa que a mí ¡¡me espantó!! Porque yo era un sudamericano retrógrado y subdesarrollado que llegaba y veía aquello y decía: “¿Cómo puede ser?” Y me contó: “Vos sabés que acá hay lo que llaman clubes de matrimonios, donde se reúnen los matrimonios, tiran las llaves arriba de la mesa y se va cada uno con la que le toque.” Yo dije: “¡Qué horror!” Era inaudito para mí. En eso estaba la corrupción de ese país ya. Así anda Europa.

42) Ven entones que la monogamia, la fidelidad, es una conquista de la santidad cristiana. Claro, porque la percepción matrimonial cristiana va a ser muy distinta. Ni el cuerpo ni el matrimonio son para la lujuria, o porneia… El club ese de los aburridos… Porque es eso; son los que se aburrieron sexualmente el uno del otro, no es el club de los amigos donde se son fieles. La corrupción profunda en una sociedad así es que ya no entiende nada más que del aburrimiento sexual y ya se ha olvidado de la felicidad de la fidelidad y de la amistad. Ya no saben ser amigos porque ya no tienen profundidad para amistad. Están en lo instintivo. Yo lo entiendo más eso del varón; lo que me sigue intrigando es cómo es posible que esas mujeres se avengan a eso. Porque yo tengo todavía la idea de que la mujer aspira a otra cosa.

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