El Surgimiento de la cultura esponsal cristiana en las cartas de San Pablo (6)

El Surgimiento de la cultura esponsal cristiana
en las cartas de San Pablo

Corinto: El matrimonio bajo el signo de la lujuria [5]
La caridad renuncia a sus derechos

43) Un tercer principio que pone Pablo, después del de la castidad y el de la monogamia, es el del débito matrimonial: que el marido dé a su mujer lo que debe y la mujer de igual modo a su marido. Y lo especifica: “No dispone la mujer de su cuerpo sino el marido. Igualmente el marido no dispone de su cuerpo sino la mujer”.

44) Hay un principio de la fundación de la cultura cristiana, que consiste en la renuncia al propio derecho por amor.
Dice Pablo que Cristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros -lo leíamos hoy- para enriquecernos con Su Pobreza. Y el pobre de espíritu es porque Él, siendo de condición Divina, no se aferró a Su rango sino que renunció a Su Gloria y se hizo como un siervo y pasó por uno cualquiera, no reclamando Gloria y haciéndose siervo para salvarnos. Obediente en todo hasta la muerte y muerte de Cruz porque tenía que enseñarnos Obediencia. Ese principio de Jesús que renuncia a lo que se le debe, porque Él como Hombre podría haber reclamado Gloria Divina y no la reclamó… En ese tiempo en que se adoraban los emperadores, se hacían adorar los hombres, el único Hombre que hubiera tenido derecho a hacerse adorar era Jesús y Él no lo hizo. Renunció en su derecho. Y Pablo va a sacar de ahí abundantes aplicaciones para muchos casos de la cultura cristiana. En un momento va a decir: “Yo tengo como apóstol derecho a que ustedes me sostengan. Sin embargo, yo he renunciado a mi derecho por algo mejor.” En otro momento va a decir: “Tú tienes derecho a comer carne inmolada a los ídolos porque sabes que los ídolos son nada, pero tu hermano, que se acaba de convertir y todavía piensa que los ídolos son algo, o tiene escrúpulo de comer carne inmolada a los ídolos, si te ve comiendo y él se tienta y come, o por no parecer menos come también pero con mala conciencia, él se come un pecado por ti. Entonces, ¿tú que tienes que hacer? Por amor a tu hermano renuncia al derecho.” No puedes comer eso y decir. “¡Qué rico está! Está ofrecido a Júpiter, pero está riquísimo. ¡Vení que Júpiter no es nada! ¡Comé, bobo!” Porque el otro come mal. Entonces, aunque tú tengas derecho renuncia a tu derecho por amor a tu hermano.

45) La caridad va antes que tu derecho. Si tú amas al otro, vas a poder renunciar. Este es un principio fundador de la cultura cristiana. San Pablo lo aplica a la relación matrimonial y al derecho del cuerpo y a la cesión misericordiosa del cuerpo. “No os neguéis el uno al otro sino de mutuo acuerdo y por cierto tiempo para daros a la oración”. Es decir que aquí Pablo, dentro de esta función sanadora que tiene la institución matrimonial, que va ayudando a lograr la castidad, pone sin embargo lo que dentro del matrimonio judío existía por ley: como períodos de castidad matrimonial. Ustedes saben que según la ley judía, en el matrimonio judío, desde el primer sangrado de la mujer hasta siete días después de cesada la menstruación no puede haber intercurso matrimonial. Es como si Dios, que le ha dado la esposa a su hijo, se la retira porque en ese momento le pertenece a Él. Y Dios es Dueño de dársela y quitársela. Y en ese momento, en que se realiza en ella todo el misterio de la fecundidad y de la vida, que es algo Divino. Estas limitaciones temporales al deseo sexual del varón lo ayudan precisamente en el camino de lograr la castidad.

46) Acá Pablo se aparta de la ley judía porque no se remite a esos mismos períodos del ciclo de la mujer, pero sí pone: “para daros juntos a la oración”. Es decir, también el cultivo de períodos de castidad matrimonial que ayudan para que la unión de los esposos dependa de algo más profundo que la pura instintividad. Esto es muy importante sobre todo para la formación del varón en la castidad.

Dice Pablo que Cristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros -lo leíamos hoy- para enriquecernos con Su Pobreza. Y el pobre de espíritu es porque Él, siendo de condición Divina, no se aferró a Su rango sino que renunció a Su Gloria y se hizo como un siervo y pasó por uno cualquiera, no reclamando Gloria y haciéndose siervo para salvarnos. Obediente en todo hasta la muerte y muerte de Cruz porque tenía que enseñarnos Obediencia. Ese principio de Jesús que renuncia a lo que se le debe, porque Él como Hombre podría haber reclamado Gloria Divina y no la reclamó… En ese tiempo en que se adoraban los emperadores, se hacían adorar los hombres, el único Hombre que hubiera tenido derecho a hacerse adorar era Jesús y Él no lo hizo. Renunció en su derecho. Y Pablo va a sacar de ahí abundantes aplicaciones para muchos casos de la cultura cristiana. En un momento va a decir: “Yo tengo como apóstol derecho a que ustedes me sostengan. Sin embargo, yo he renunciado a mi derecho por algo mejor.” En otro momento va a decir: “Tú tienes derecho a comer carne inmolada a los ídolos porque sabes que los ídolos son nada, pero tu hermano, que se acaba de convertir y todavía piensa que los ídolos son algo, o tiene escrúpulo de comer carne inmolada a los ídolos, si te ve comiendo y él se tienta y come, o por no parecer menos come también pero con mala conciencia, él se come un pecado por ti. Entonces, ¿tú que tienes que hacer? Por amor a tu hermano renuncia al derecho.” No puedes comer eso y decir. “¡Qué rico está! Está ofrecido a Júpiter, pero está riquísimo. ¡Vení que Júpiter no es nada! ¡Comé, bobo!” Porque el otro come mal. Entonces, aunque tú tengas derecho renuncia a tu derecho por amor a tu hermano.

45) La caridad va antes que tu derecho. Si tú amas al otro, vas a poder renunciar. Este es un principio fundador de la cultura cristiana. San Pablo lo aplica a la relación matrimonial y al derecho del cuerpo y a la cesión misericordiosa del cuerpo. “No os neguéis el uno al otro sino de mutuo acuerdo y por cierto tiempo para daros a la oración”. Es decir que aquí Pablo, dentro de esta función sanadora que tiene la institución matrimonial, que va ayudando a lograr la castidad, pone sin embargo lo que dentro del matrimonio judío existía por ley: como períodos de castidad matrimonial. Ustedes saben que según la ley judía, en el matrimonio judío, desde el primer sangrado de la mujer hasta siete días después de cesada la menstruación no puede haber intercurso matrimonial. Es como si Dios, que le ha dado la esposa a su hijo, se la retira porque en ese momento le pertenece a Él. Y Dios es Dueño de dársela y quitársela. Y en ese momento, en que se realiza en ella todo el misterio de la fecundidad y de la vida, que es algo Divino. Estas limitaciones temporales al deseo sexual del varón lo ayudan precisamente en el camino de lograr la castidad.

46) Acá Pablo se aparta de la ley judía porque no se remite a esos mismos períodos del ciclo de la mujer, pero sí pone: “para daros juntos a la oración”. Es decir, también el cultivo de períodos de castidad matrimonial que ayudan para que la unión de los esposos dependa de algo más profundo que la pura instintividad. Esto es muy importante sobre todo para la formación del varón en la castidad.
 
 

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