EL ECLIPSE DEL PADRE [3] en la TEOLOGÍA

EL ECLIPSE DEL PADRE (tercera parte)

1) En la entrada anterior hacíamos referencia a la observación del P. García Guillén, que expresa que la profundización de la teología acerca del Padre debe nacer de una renovada vida de piedad filial, y que la academia teológica padece un cierto daltonismo o mancha en la retina espiritual para la contemplación del Padre. El autor resalta que incluso en el dominio de la patrística comprueba que los estudios sobre el pensamiento acerca del Padre, en la obra de Gregorio Nacianceno no constituyen una excepción. “El lugar del Padre – afirma – no se trata específicamente o se reduce al mínimo. Sorprende aún más que, en trabajos específicamente trinitarios, se estudie la cristología o pneumatología del Nacianceno pero la teología del Padre quede descuidada. El Padre se da por supuesto, como si no hubiera que decir nada de Él. Las palabras del Nacianceno parecen volverse contra algunos de sus estudiosos: “Sobre el Padre, ¿qué más se puede decir? La mayoría evitan hablar de Él, llenos de prejuicios y vencidos de antemano por las ideas que se hacen naturalmente de Él” [Or (Discursos) 34, 10 (Sources Chr 318, 214, 1-3)]. [Domingo García Guillen. Padre es nombre de relación Dios Padre en la teología de Gregorio Nacianceno Analecta Gregoriana 308, Gregorian Biblical Press 2008]

François-Xavier DURRWELL CSsR:

2) La misma comprobación llevó al P. Redentorista F.-X. Durrwell a escribir su obra sobre el Padre en la década 1980: “He tenido ya la oportunidad de escribir varios libros sobre Cristo y sobre su misterio filial de muerte y de gloria. También he escrito otro libro sobre el Espíritu Santo, en el que se celebra este misterio. Pero la tarea estaba sin terminar hasta que dedicara un estudio a aquél que es la fuente del misterio filial, el ‘Dios que resucitó (a Jesús) de entre los muertos’ (Gal. 1,1).

– Abundan las obras sobre Cristo y la teología se ha interesado también
mucho por el Espíritu santo, pero son raros los estudios sobre Dios en su
paternidad. Es urgente que la teología intente colmar esta laguna, ya que la
Iglesia tiene la misión de anunciar la resurrección de Jesús. Pues bien, este
‘evangelio de Dios’, como lo llama san Pablo (Rom 1,1), es la buena nueva de un
Dios-Padre que engendra para nosotros a su Hijo en el mundo: ‘Os anunciamos la
buena nueva…: Dios… ha resucitado a Jesús, según dice el salmo: – Tú eres
mi Hijo, yo te he engendrado hoy’ (Hech. 13, 32s).

Este deber de proclamar el evangelio de la paternidad de Dios se
impone especialmente en nuestros días, cuando la Iglesia tiene que restablecer
en su verdad indudable el rostro de ese Padre que tan a menudo desfiguran los
hombres, bien sea por la imagen que de él se hacen, bien por la que de él dan a los demás. […]

3) El P. Durrwell señala la fuente escriturística donde está contenida la fuente del conocimiento del Padre:

– Jesús es, en su pascua, la fuente de la teología del Padre y del Hijo
y del Espíritu santo. Es allí (en su pascua) donde se realiza plenamente en el
mundo y se revela la paternidad de Dios respecto al Hijo único. También es allí
donde alcanza su verdad aquella palabra: ‘El que me ve, ve a mi Padre’ (Jn
14,9). Allí es, finalmente, de donde brota para el mundo el Espíritu de la filiación
divina, tal como resplandece en la vida eterna de Dios.

4) Y sugiere una causa del déficit de atención al Padre de la inteligencia de los creyentes:

– La escasez de estudios sobre Dios Padre tiene quizás su explicación en una teología que no se ha preocupado mucho hasta ahora de explorar en sus profundidades el misterio filial de la pascua de Jesús.

5) La afirmación implica que Durrwell percibe una desatención a la filialidad del Hijo. O sea desatención a la relacionalidad implicada en los nombres Padre-Hijo. Déficit que, como es lógico, proviene de un defecto de la relacionalidad o llanamente dicho “la religiosidad” vivida en el catolicismo contemporáneo.

6) “He dedicado – concluye Durrwell declarando los fines que se propuso con su obra – una gran importancia a dos verdades que, a mi juicio, se desprenden claramente de la Escritura. La primera se enuncia así: en Dios que engendra a un Hijo único, el Espíritu de Dios, Espíritu de amor, es en persona el engendramiento divino. (Porque amando es como el Padre engendra a un Hijo al que ama). Y la segunda es inseparable de la primera: en ese Espíritu de engendramiento se encuentran personalizados todos los atributos de Dios, todo lo que puede decirse del ser divino [Nuestro Padre. Dios en su misterio. Ed. Sígueme 1990. (Citas en p. 9-10 y 11) (Original: Le Père. Dieu en son mystère , Ed. Du Cerf 1987)]

M.-J. LE GUILLOU O.P.: El enturbiamiento histórico del rostro del Padre

7) “Todas las cosas vienen del Padre y todas deben volver a él en el misterio de Cristo. Debido a ello el pensamiento humano, lo sepa o no, lleva el peso del misterio de la Paternidad divina. Por lo cual no resolverá sus propias dificultades mientras no se deje prender por el movimiento de ascensión pascual hacia el Padre. En consecuencia de lo cual es imposible detener nuestro esfuerzo por clarificar teológicamente las oscuridades actuales de la fe, sin antes haber situado el conjunto de ese esfuerzo bajo la mirada del Padre. (Pág. 250)

El enturbiamiento histórico del rostro del Padre:

8) “Dado que el mundo y la historia reposan en el misterio de la Iglesia, toda perturbación profunda en la relación vital de un hombre con su familia eclesial afectará su aptitud para entrar en una auténtica relación con el Padre. Ahí no está sólo la consecuencia de un descenso o de una laguna en la ‘idea’ que haya conservado del misterio trinitario. Al mismo tiempo y más fundamentalmente es la insuficiencia de su relación con el ser eclesial la que le pondrá en dificultades respecto al misterio trinitario, y en primer lugar respecto del Padre.

9) Evocar con este objeto la analogía de lo que vive el niño en el interior del orden familiar no es sólo recurrir a una imagen, es aportar un elemento de explicación.

Efectivamente, igual que, según la estructura normal de las relaciones familiares, el acceso al padre para el niño está mediatizado por su relación más directa con la madre, así también a través de la actitud de esposa e hija de la Iglesia respecto a Cristo y el Padre, el creyente se encuentra situado y se hace capaz de situarse él mismo ante el Padre.

10) Recíprocamente también, el acceso a la madre está mediatizado por el padre, de manera que el niño encuentra en relación con ella la justa distancia entre el alejamiento que es abandono y la proximidad peligrosa y recibe así del Padre también para con ella, el don de la libertad y del amor.

11) Así la ‘seguridad plena’ que hace posible el amor perfecto no se da fuera de la experiencia que la Iglesia tiene del Padre en Cristo. Y lo cierto es que esta actitud de esposa e hija, en la que se traduce la experiencia de la Iglesia, no es cosa teórica y abstracta que sólo existiría ‘en principio’ o sólo en algunos santos. Está inscrita en la misma estructura de la Iglesia, en el papel que cumple respecto de sus hijos, en las funciones de que reviste a los que en ella tienen misión de significar algo del misterio trinitario.

12) Es el caso particularmente del rol del cuerpo sacerdotal en el que debe reflejarse el sentido que tiene la Iglesia del don recibido del Padre en Cristo. El orden jerárquico constituye en sí mismo en el interior de la Iglesia una representación del orden trinitario. No sólo una representación, sino un dispositivo sacramental eficaz sobre cuya base cada creyente debe aprender a vivir su relación personal con el Padre, según el Espíritu de su Hijo.

13) Cuando la imagen del Padre no es discernible suficientemente a través de la actitud pastoral de aquellos en los que debería expresarse el misterio del amor, no es sólo la teología, es la fe los creyentes la que sufre un cierto oscurecimiento.

14) El teólogo no piensa con profundidad sino lo que experimenta in Spiritu sancto del misterio del que tiene que dar razón. También él tiene necesidad de mediaciones vivas para aprender a relacionarse con el Padre. Pero si de ahí viene a concebir a éste como un super ego trascendente, ¿qué idea va a dar a los que tiene misión de instruir? Y si el pueblo cristiano, en su necesidad de ver que en el interior de las relaciones de la Iglesia se refleja el amor que une al Hijo con el Padre, carece de representaciones del verdadero rostro paterno; si funciona mal el sistema de mediación, a causa de una secularización de estilo de vida y del ejercicio de la autoridad de muchos de los que deberían ser los mediadores del encuentro con el Padre ¿qué sucederá?

15) Sucederá que ya no será comprendida por sus propios hijos la especificidad de la Iglesia. En la sumisión o en la revuelta, éstos desconocerán el sentido del misterio del amor del que ésta dispone para ellos. Por deteriorar la enseñanza teológica el estilo de vida eclesial y a la inversa, el proyecto inconsciente o semiconsciente de liquidación del Padre tomará cuerpo a través de la jerarquía explotadora, hasta la identificación luterana del Papa con el Anticristo.

16) Pero ello no impide, guste o no guste, que el papa pertenece al ordo ecclesiae en virtud del ordo trinitatis. Cuando se rechaza, falta el Padre para manifestarse eficazmente a sus hijos. El sistema jerárquico más o menos secularizado, constituido sin él y sin episcopado, de hecho y también de derecho ha dejado de ser significante de la economía que procede del Padre.

Las trascendencias de reemplazo

17) Nos parece imposible que se pueda llegar  comprender lo que ha sucedido en las profundidades del alma y del pensamiento occidentales desde hace varios siglos, si no se miden las consecuencias de la descalificación – dentro del sistema protestante y del tipo de sociedad que va a suscitar — de todo un mecanismo mediador destinado a significar el misterio de la Paternidad divina.

18) Realmente, donde subsiste este mecanismo sin cumplir honrosamente su función, el malestar de los hombres es profundo. Pero su desdicha se hace aún mayor cuando se ataca el principio mismo de la mediación [como hace la Reforma]. De ese modo, allí donde se ha arrebatado a los sucesores de los Apóstoles la gestión de la Verdad revelada para pasarla a ‘teólogos’ privados y luego a su descendencia universitaria – los pensadores religiosos – queda parcialmente destruida la estructura del testimonio eclesial. De ahí en adelante, las ‘autoridades’ que dispensan el saber ya no pueden legítimamente ampararse en un envío. Ya no hablan, como Jesús, como testigos del Padre, sino en su propio nombre. Su exégesis de la Escritura, su hermenéutica del ser proceden de principios que ya no son adecuados al Principio.

19) En el orden social, el organismo político del Estado tiende a constituirse de tal modo que engloba la existencia individual y colectiva. El poder, tal como lo conciben las filosofías del derecho de inspiración hegeliana, se convierte en una forma abstracta que supone que expresa y promueve el reino de la razón. Durante cierto tiempo se hacen esfuerzos por convencer al pueblo de que ese poder es el lugarteniente secular de la Providencia. Es más difícil  convencerlo de que les basta para colmar su necesidad filial y para representar válidamente para la inteligencia y el corazón, el rostro sagrado del Padre. Porque esa necesidad permanece, pero como ya no hay a quién referirse, se convierte en protesta contra la autoridad. [Protesta que expresa la decepción por un ejercicio decepcionante]

20) La misma idea de que aquí abajo pueda ejercerse una autoridad en virtud de otro imperativo distinto de la ‘organización’ [es decir en el nombre de Dios Padre] y [de] la eficacia, es rechazada como incompatible con las exigencias de la dignidad humana y de la libertad personal. Toda intervención que se apoye en la autoridad jerárquica recibida del Padre se hace sospechosa. Como consecuencia de la destrucción de las inteligencias y de las afectividades privadas de verdadera experiencia filial, la invocación de los derechos de la libertad individual o de los imperativos de la ‘liberación’ colectiva se hace con detrimento de la auténtica libertad, [la] que supone una referencia viva a la voluntad del Padre, a través de las mediaciones humanas requeridas por la economía trinitaria.

21) La idea de ‘poder opresivo’ se convierte en algo alucinante. Se proyecta sistemáticamente”.

[Tomado de: El Misterio del Padre. Fe de los Apóstoles. Gnosis actuales. Ediciones Encuentro, Madrid 1998 Citas en pp. 258 y ss.

(Título original: Le mystère Du Père. Foi des Apôtres. Gnoses actuelles. Librairie Arthème Fayard, Paris 1973)]

 

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