LOS MAESTROS DE ANSELM GRÜN 2/2

LOS MAESTROS DE ANSELMO VERDE

La entrada previa concluía explicando que:  Llamar “exégesis bíblica” a una interpretación de la Sagrada Escritura desde la psicología profunda es una tergiversación. Es apañar la sustitución del sentido literal por un sentido acomodado de orden psicológico y por lo tanto inmanente, que es presentado por Anselm Grün como equivalente al literal. 

El sentido literal no es alcanzable ‘desde’ la psicología profunda, ni desde la teología de la liberación marxista, ni desde dentro de los límites de la razón, ni desde las metas de la autoayuda. El sentido literal se alcanza desde la fe, es decir desde el Espíritu Santo, desde el contexto bíblico cercano y lejano, desde la analogía de la fe, desde la tradición y el magisterio.

El texto continúa con la presentación del psicólogo junguiano y pastor episcopaliano John. A. Sanford.

John A. Sanford, es, con Carl Jung y Eugen Drewermann uno de los maestros de exégesis de quien Anselm Grün se declara discípulo y seguidor. John A. Sanford es un pastor episcopaliano estadounidense, autor de una interpretación psicologista en clave junguiana del Evangelio según San Juan.

 Sanford ve a Jesús como un hombre común y se refiere a él como una persona[1] sólo humana: «En la cruz colgó la persona más consciente que el mundo haya conocido jamás.  En él, la mente de Dios fue ejemplificada y revelada… Cuando la consciencia de una persona individual aumenta, este hecho afecta la conciencia general de la humanidad«[2].

La obra de Sanford sobre el Evangelio de Juan interpretado desde el punto de vista de la psicología junguiana es presentada como “Un comentario psicológico que recorre todo el evangelio con sus imágenes del agua viva, el pan de vida, el vino mejor, el buen pastor y otros símbolos de Jesús”.

No hay referencia aquí al Verbo del Principio, al Hijo, al Jesús que lleva al Padre. No se trata de una interpretación del texto sino de una sustitución de los sentidos auténticos del texto según los han entendido la Iglesia y los santos.

Según un comentarista, Sanford viene a desenredar[3] el sentido más profundo del texto de Juan. Ese sentido más profundo humanamente no sería el sentido inspirado que ha leído siempre la Iglesia, es decir la revelación de Dios Padre a cargo de su Hijo que vive de cara a la profundidad del seno de Dios, y se hace hombre para manifestárnoslo. Sería, en lugar de ese sentido literal, otro sentido más profundo en las dimensiones de la profundidad del alma humana, que viene a sustituir al enmarañado discurso sobre Dios Padre y Dios hijo, y resulta incomprensible para el hombre de hoy.

Sanford lo sustituye más que por simple acomodación mediante una verdadera sustitución por impostura del sentido que intentó el autor inspirado por Dios y Dios mismo.

Según afirma Sanford, numen de Anselm Grün, “El autor del cuarto Evangelio era un genio religioso cercano a Cristo. Un resultado de este genio es que el Cristo cuyas palabras escuchamos en este evangelio no es el Jesús histórico de los evangelios Sinópticos sino el Cristo cósmico resucitado. La vitalidad perenne[4] de este evangelio único proviene de su capacidad de brindar a los lectores de sucesivas generaciones nuevas intuiciones que solamente un avance en la comprensión espiritual y psicológica puede hacer posible”[5].

¡El sentido literal y eclesial quedó atrás como algo enmarañado, incomprensible para las nuevas generaciones iluminadas por la nueva espiritualidad modernista y la psicología profunda donde tiene lugar la auténtica revelación de Dios para el hombre!

He aquí, en otras palabras, un ejemplo claro de la convicción modernista de que la revelación de Dios la encuentra el hombre espontáneamente desde su “inmanencia vital”, o de su “experiencia de vida”, o como un “hecho de vida”, o por participación en un imaginario colectivo.

Jung, a quienes algunos cristianos e incluso sacerdotes pensaron como “un autor que hacía conciliable la moderna psicología con la fe cristiana”[6], es, sin embargo, un pensador modernista que busca en la inmanencia psicológica, la revelación de Dios.

El texto bíblico ya no les interesa a estos autores por su sentido literal, inseparable de su sentido inspirado, sino como pre-texto para una acomodación imaginaria proyectada desde afuera de la revelación divina[7] en el texto, el cual solamente sirve ya para estribar y levantar vuelo al mundo de lo imaginario psicológico.

Para estos pensadores, el texto bíblico ya no tiene un mensaje propio y normativo para expresar, sino que, aunque se sigan refiriendo a él, deja de ser un texto  para convertirse – como he dicho – en un pretexto. En estos ámbitos modernistas se ha acuñado el término eiségesis[8] como procedimiento alternativo de la tradicionalexégesis[9].

Ya hemos visto por qué el texto bíblico puede llegar a parecerle a alguien que es “inútil”, cuando la Iglesia, por el contrario le da la máxima importancia. Eso sucedió con la Reforma Luterana y Calvinista. Hemos visto que el Concilio de Trento señaló el error de la “sola escritura” y de la “libre interpretación”.

En nuestros días, la libre interpretación se practica en los círculos bíblicos donde se suele preguntar “¿Qué te dice a ti el texto? ¿Qué nos dice este texto a nosotros hoy?” Como si el sentido literal se hubiera vuelto irrelevante para otro tiempo.

            Es obvio que cuando alguien no cree en la posibilidad de los milagros, del nacimiento virginal, de la resurrección, de la ascensión al cielo, de los exorcismos de demonios, de la curación de enfermedades y de calmar las tormentas con la palabra, o andar sobre las aguas, etc. tratará de ver, en esos textos cuyo sentido literal no puede aceptar como verdadero, algún otro sentido verosímil para el lector, pero que no es el sentido que ha querido darle Dios y ha leído siempre la Iglesia y el Magisterio, en esos textos.

Eso es precisamente lo que han hecho primero los reformadores con el libre examen y luego los racionalistas de todos los tiempos empezando por Kant y siguiendo por su descendencia intelectual modernista. Una vez que el principio de la “Sola Escritura” la arrebataba a la norma de la tradición y el Magisterio, la dejaba librada a cada intérprete, a la razón sin fe, a la imaginación terapéutica, a la ideología social, a la oportunidad política, a las mentalidades babelizadas.

En tiempos del Concilio tridentino ya hubo una condenación de las acomodaciones abusivas a que daba lugar la doctrina reformada del libre examen del texto sagrado. En dicho concilio se tiene en cuenta acomodaciones irreverentes o abusos que comenzaban a surgir debido a la libre interpretación de la Escritura por el individuo, aún el impreparado e ignorante.

Éste era entonces el lado ideológico de los abusos corrientes. Veamos cómo lo expresa el Concilio tridentino:

“Queriendo asimismo este santo Concilio reprimir la temeridad con que se tuercen y aplican a cualquier tema profano las palabras y sentencias de la Sagrada Escritura, esto es, a chanzas, a cuentos, vanidades, adulaciones, adivinaciones, sortilegios y libelos infamatorios, decreta y manda, a fin de abolir esta irreverencia y este desprecio y para que ninguno se atreva en adelante a valerse en modo alguno de las palabras de la Sagrada Escritura en estos o semejantes casos, que castiguen los obispos, con las penas de derecho y otras de su arbitrio, a todos los que incurran en este delito, como corruptores y profanadores de la palabra divina[10].

Es cierto que el sentido acomodaticio de las palabras y textos inspirados puede ser algunas veces útil, con tal de que no se induzca a confusión al oyente, de modo que lo considere inspirado o querido por Dios, o pierda de vista que el texto inspirado por Dios tiene un único sentido divino que es insustituible e irremplazable por otro de origen humano.

Por eso, fácilmente quien se aventura a asignarle sentidos acomodados a los textos bíblicos, especialmente si es un no creyente, puede incurrir –intencionada y por eso culpablemente, o sin intención pero así y todo, culposamente– en el mejor de los casos en irreverencia; pero en gradación creciente, en usurpación de la autoridad divina, en plagio, en falsificación del sentido, en irreverencia y en sacrilegio.

De ahí que ya Nuestro Señor Jesucristo advertía a sus discípulos: “no deis la cosas santas a los cerdos ni a los perros”[11] y los Santos Padres prescribían reservar “las cosas santas para los santos”.

El Concilio Vaticano primero volvió a condenar los usos acomodados y más aún los irreverentes, y sugirió que todo uso acomodado bordea la irreverencia con la Palabra divina o la usurpación de su autoridad o de su sentido: “Como quiera que hay algunos que exponen maliciosamente[12] lo que el Santo Concilio de Trento decretó saludablemente para reprimir a los ingenios arrogantes[13] acerca de la interpretación de la Escritura divina, Nos, renovando el mismo decreto, declaramos que su mente es que en materias de fe y costumbres que atañen a la  edificación de la doctrina cristiana, ha de tenerse por verdadero sentido de la Sagrada Escritura aquél que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien toca juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras santas; y por lo tanto, a nadie es lícito interpretar la misma Escritura Sagrada contra este sentido ni tampoco contra el sentir unánime de los Padres[14].

Podemos ahora volver a la Constitución Dei Verbum, con particular atención a su número 12, y apreciar lo que significó como estaca clavada en tierra firme de la fe, ante el tembladeral modernista y la deriva protestantizante de la interpretación bíblica en los medios católicos, tanto académicos como homiléticos, catequísticos parroquiales, etc.

AMDG

[1] Nótese bien: persona humana. Es una profesión de fe neo arriana

[2] «On the cross hung the most conscious person the world had ever known. In him the mind of God was exemplified and revealed… When the consciousness of a single person is increased, it affects the general consciousness of humanity.» Esta es la tesis que afirma Sanford en su obra de interpretación psicológica de la Sagrada Escritura:  Mystical Christianity, A Psychological Commentary on the Gospel of John. (Crossroad Books, 2000)

[3] El sentido literal parecería una maraña incomprensible para la mentalidad del hombre moderno. El mismo motivo bultmanniano del evangelio inaceptable “para el hombre de hoy”. Y la subordinación del evangelio al juicio y a la aceptación de los hombres y no viceversa.

[4] Se sobreentiende que la interpretación eclesiástica ha sido hoy superada, pues su verdad era relativa

[5] «The author of the fourth Gospel was a religious genius in touch with Christ. One outcome of his genius is that the Christ whose words we hear in this gospel is not the historical Jesus of the Synoptic Gospels but the Risen or Cosmic Christ… The ageless vitality of this unique gospel comes from its capacity to impart to readers of succeeding generations new insights that only an advancing spiritual and psychological understanding can make possible.» http://www.mandalabooks.com/Mystical-Christianity-A-Psychological-Commentary-on-the-Gospel-of-John

[6] Así me lo afirmó un sacerdote director de Radio María (Córdoba, Argentina) cuando le advertí de los errores de Anselm Grün

[7] Marcos 4, 11: “A vosotros os es dado el misterio del Reino, pero a los que están afuera (del misterio del Reino, o sea de la condición filial) todo se le presenta en parábolas”

[8] Introducir un sentido desde afuera, asignar un sentido exterior

[9] Extraer sentido oculto: “A Dios nadie lo vio jamás, el Hijo Único de Dios  que vive de cara al pecho del Padre, él nos lo reveló (exegésato)” Juan 1, 18

[10]Praeterea ad coercenda petulantia ingenia, decernit, ut nemo, suae prudentiae innixus, in rebús fidei et moribus, ad aedificationaem doctrinae christianae pertinentium, sacram Scripturam ad suos sensus contorquens, contra eum sensum, quem tenuit et tenet sancta mater Ecclesia, cuius est iudicare de vero sensu et interpretatione Scripturarum sanctarum, aut etiam contra unanimem consensum Patrum ipsam Scripturam sacram interpretari  audeat, etiamsi huiusmodi interpretationes nullo umquam tempore in lucem edendae forent…  [Concilio Tridentino, Decreto sobre la edición y el uso de las Sagradas Escrituras, Sesión 4, del 8 de abril de 1546. Enchiridion Biblicum n 49: Denzinger Schönmetzer 1507 (786)]

[11] Mateo 7, 6

[12] A quibusdam hominibus prave exponuntur

[13] Ad coercenda petulantia ingenia

[14] Concilio Vaticano I, Sesión Tercera, Constitución dogmática sobre la fe católica, Cap. 2 De la revelación Canon 4-5 Denzinger Schönmetzer 3007 (1788)

 

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