6.6 Vivir de cara al Padre, y recibirse de Él en lo secreto
¿Cuál es pues el secreto del obrar perfecto como el del Padre celestial? Es lo que revela Jesús a continuación (Mt 6,1-18). La justicia filial se recibe del Padre mismo, por generación, por comunicación del ser, viviendo de cara al Padre y no de cara a los hombres: “Guardáos de practicar vuestra justicia [filial] delante de los hombres para ser vistos por ellos”[1]. Tres veces repite Jesús en esta sección la advertencia de no hacer (6,2) no ser (6,5) no mostrarse (6, 16) –como los hipócritas– buscando ser honrados (6, 2) o ser vistos (6, 5) o advertidos por los hombres (6, 16). Los que viven buscando la gloria, la aprobación, que viene de los hombres, (o paralizados por el miedo de su desaprobación) tienen en esa gloria, su propia y única recompensa. Reciben de los estímulos o las inhibiciones carnales su biografía. En cambio, los que viven, de cara al Padre, una vida «oculta con Cristo en Dios» (Col 3,3), son engendrados por el Padre, de quien reciben un corazón filial como el Hijo. El Padre les da de Sí Mismo, como expresa el verbo griego reiterado tres veces en esta sección: apodósei[2] “dará de sí mismo”.
¿Qué les da de sí mismo el Padre sino alguna participación en su mismo ser y actuar divino?:
- Misericordia, en el ejercicio oculto de la misericordia con el prójimo,
- piedad filial y deseos de hijo, en el ejercicio oculto de la oración con el Padre Nuestro; y
- libertad filial respecto de la tiranía de las concupiscencias, en el ayuno oculto en la presencia del Padre. Los hijos saben que todo lo que tienen es recibido del Padre
6.7 El Padre Nuestro, centro del Sermón de la Montaña
En el centro de esta sección, la central del Sermón de la Montaña, se encuentra ubicada la oración del Padre Nuestro, que refleja lo que ha de ser la conciencia filial y fraterna de los hijos y el deseo de sus corazones, puesto enteramente en la gloria del Padre; en el advenimiento del Reino de los hijos, en el que todos cumplan gozosamente su voluntad. En el Padre Nuestro, Jesús no ha querido enseñar palabras, sino deseos del corazón filial. Una oferta de comunión en sus mismos sentimientos ante el Padre. Un adelanto del contenido de la cuarta parte del Sermón de la Montaña.
6.8 El tesoro del corazón filial
La cuarta parte del Sermón de la Montaña bucea en las profundidades del corazón filial, de donde brota la conciencia y las obras filiales. El corazón filial se caracteriza por su tesoro: “donde está tu tesoro allí está tu corazón”[4]. Es lo que Santo Tomás llamaría el bien último o bien supremo de la voluntad. Hablando metafísicamente: el fin último.
¿Cuál es el fin último o el bien supremo del corazón filial? Vivir como hijo y tratar de que todos los hombres sean hijos, para darle al Padre la gloria que se merece y que al mismo tiempo beatifica a sus hijos. La justicia filial para sí mismo y el advenimiento del reino filial para los demás. De manera que el Padre sea conocido y glorificado por todos los hombres.
Jesús lo expresa diciendo: “vosotros, pues, buscad primero el Reino [filial] y su justicia [es decir la justicia filial]; y todas estas cosas [las cosas necesarias para la vida en este mundo] os las dará el Padre[5] por añadidura”[6]. Buscar el fin último y el Padre, providente, se encargará de suministrar los medios necesarios.
6.9 Discernimiento
En la quinta y última parte del Sermón de la Montaña (Mt 7,13-29) Jesús da pautas de discernimiento que permiten reconocer quién vive auténticamente como hijo y quién no.
Cuando se trata de otros, dado que no es posible ver su conciencia y su corazón, se ha de atender a sus obras: “por los frutos los conoceréis”[7]. En cuanto a Dios, que ve los corazones y las obras, juzgará, no sólo en atención a las obras, que por ser carismas de milagros y profecía pueden darse independientemente de la caridad, como dice Pablo al comenzar el himno de la Caridad[8], sino atendiendo al corazón filial, al: “que escucha mis palabras y las pone por obra”[9].
Conclusión
Jesús como pensador aparece como pionero en la comunicación de una verdad principalmente relativa a la relación de los hombres con Dios que ni la humanidad ni el pueblo elegido habían logrado vislumbrar. Jesús revela a Dios como Padre suyo y a sí mismo como Hijo. Él sabe por connaturalidad lo que es ser y vivir como hijo, porque obra en sí mismo –por gracia y libremente– viviendo como hombre filial, al primer hombre hijo de Dios. De alguna manera, en él se realiza, a medida que vive y hasta que muere obediente, la verdad del hombre filial que es objeto de su enseñanza. “La relación de la filialidad divina –dice Guardini– empieza a existir sólo sobre la base de la existencia de Jesús. Él nos habla a partir del proceso prístino de fundación de esa realidad. Sus palabras tienen ‘autoridad’ en el sentido más estricto del término. Son ‘dadoras’. Sólo porque él vive y actúa y habla, ‘existe’ para nosotros aquello de lo que Él habla”[10]
Por eso Jesús es a la vez sabio, explorador, consumador y maestro de vida filial. Él se revela como la Puerta Estrecha[11], pero segura, por donde los hombres pueden entrar en la comunión filial con Dios Padre. Esta sabiduría filial es el sello distintivo de todo pensar, pensamiento y pensador que quiera recibir del Padre, en lo secreto, el carácter filial. La opinión de los hombres acerca de si un pensador es o no, o si es más o menos cristiano en su pensamiento, vida y doctrina, es siempre relativa y secundaria, y a veces puede no fundarse o no coincidir con ese juicio del Padre y de su Hijo Jesucristo. Porque del pensador cristiano podrá decirse lo que Pablo de sí mismo: “hablamos entre los perfectos una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo que están condenados a perecer; sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria; que no conoció ninguno de los príncipes de este mundo, pues si la hubieran conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria. Pero como está escrito: ‘lo que ojo no vio ni oído oyó, ni a corazón de hombre se le ocurrió, eso es lo que Dios preparó para los que lo aman’ [como hijos a su Padre]. Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu”[12].
P. Horacio Bojorge
[1] Mt 6,1
[2] Mt 6,4.6.18
[3] 1 Co 4,7
[4] Mt 6,21
[5] panta prostethêsetai humin “todo se os dará a vosotros”. ‘Se os dará’, en pasivo divino, ha de traducirse: “Dios os dará, el Padre os dará”
[6] Mt 6,33
[7] Mt 7,20
[8] 1 Co 13,1ss
[9] Mt 7,24
[10] GUARDINI, Romano, op. cit. p. 50
[11] Mt 7,13
[12] 1 Co 2,6-10