LAS BODAS DE CANÁ

LAS BODAS DE CANÁ (Homilía)

Quiero compartir con mis lectores una reflexión acerca del evangelio de hoy, 2° Domingo del tiempo durante el año, cuyo tema es las bodas de Caná de Galilea.
Por lo general, trato de asistir a una misa el sábado a las seis de la tarde en la parroquia del Señor del Milagro, donde escucho la vibrante homilía del párroco, sacerdote Jorge Benson Sorondo (jorgedelmilagro@hotmail.com) y el domingo a la primera misa solemne en la capilla del Santo Cristo donde hago lo mismo con el sermón, bien preparado y pronunciado, por fray Pedro Gómez, O.S.B., (capilladelsantocristo@hotmail.com).
Como ambos estudian lo que van a decir, sus palabras tienen arquitectura y como saben que todo discurso está limitado en el tiempo, son respetuosos del tiempo de los demás. Por eso, en general, con ellos aprendo, a mi edad que ya es mucha; cuando a veces no lo hago con uno, aprendo con el otro.
Pero como ambas homilías, esta vez no colmaron mis expectativas, pienso que lo mejor es ocuparme del tema.
En primer lugar, quiero expresar mi gratitud al papa Juan Pablo II, por la incorporación al Rosario de los Misterios Luminosos, el segundo de los cuales tiene por tema “Las bodas de Caná”.

Recuerdo la acerva crítica un periódico católico por el agregado; para él, era un atentado contra el Rosario tradicional. Lo que sucede que, para la mentalidad de ese periodista, tradición es inmovilismo, parálisis, anquilosamiento, herencia muerta.

Para encarar el tema recurrí al libro del padre Leonardo Castellani, “El Evangelio de Jesucristo” (Theoria, Buenos Aires, 1963) que tiene un par de sabrosos prólogos, del P. Guillermo Furlong S.J. y del arzobispo de San Juan de Cuyo, Audino Rodríguez y Olmos.
Como en toda obra del autor, encontré el buen humor. Y como el agua transformada en vino eran unos 600 litros, comenta: “Mucho vino para una comida de bodas, por muchos que hayan sido los invitados. Esperemos que haya sobrado bastante; porque si no, allí hubo mucho más de un milagro”.

La madre de Jesús estaba ya en el lugar y fueron invitados Jesús y sus discípulos, Juan, el que hace el relato y Andrés, Pedro, Felipe y Natanael “todos ellos preparados por la dura predicación del otro Juan” (ob. cit., p.113).
A la mitad de la comida, empieza a faltar el vino y la Virgen avisa a Cristo: “No tienen vino”. La respuesta es seca y hasta cortante. Si fuera la de un compatriota de hoy, hubiera dicho: “Yo, argentino”, todavía no llegó mi hora.
Pero la Virgen no se desanima, ella sabe que es la “omnipotencia suplicante”, llama a los sirvientes para decirles “haced lo que él os diga” (Juan, 2, 5).

Castellani escribe y enseña: “Cristo venía de hacer un ayuno de 40 días; pero no vino a imponer el ayuno a los novios y a los invitados. Cristo no es Montano o Calvino… se aplicaba el ascetismo a sí mismo y no a los demás”. Y nos aclara: “El asceta no es el hombre que cree que las cosas buenas son cosas malas; el asceta es el hombre que conoce lo bueno como bueno y sin embargo lo sacrifica por otro bien mayor… pero, además, no cualquier ascética es buena, hay ascéticas, infructuosas, tristes y hasta diabólicas” (Ob. cit., págs. 114/5).

De Francia traje un libro maravilloso, que mucho aprovecho, escrito por Louis-Marie de Blignieres: “De Marie a la Trinité», DMM, 2011), meditaciones sobre los misterios del Rosario. El autor es el fundador de la Fraternidad san Vicente Ferrer, comunidad de espiritualidad dominica, de cuya generosa hospitalidad en Chémeré-le-Roi, en Mayenne, gocé junto a Patricio Randle en nuestro peregrinaje por abadías, monasterios y conventos franceses. El libro tiene un prefacio del obispo de Puy-en-Velay, Henri Brincard.
En el capítulo titulado “Los misterios luminosos o la verdad del Verbo Encarnado”, se ocupa de las bodas de Caná. Allí nos dice que Jesús y sus primeros discípulos, llegan después de tres días de marcha desde el Jordán, en cambio la Virgen María arriba por el camino opuesto, desde Nazareth.

Con el milagro, “muestra que no viene para abolir las humildes alegrías terrestres, quien viene a darnos las celestiales… el milagro desgarra la tela de las causas de nuestro universo, pone nuestros espíritus en contacto con la Causa soberana y oculta, abre nuestros corazones a la verdad del misterio del cual él es el signo”.
“El evangelista traduce bien aquello que sucede en la intimidad de nuestras almas, en este minuto en el cual, la Hora de Dios entra en el tiempo del mundo: ‘Nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad’” (Juan, 1, 14).

“Las nupcias significan místicamente la unión de Cristo y de la Iglesia, Jesús es bien el Esposo anunciado por el Precursor, María es el ícono de la Iglesia, la nueva Eva, quien en todas nuestras necesidades nos precede y que siempre apresura el advenimiento del Día del Señor”.

“¡Oh cordial luz de las Nupcias del Cordero! ¡Salud, Principio de los milagros de Cristo! Himno acatista”(Ob. cit. págs. 37/38). El himno citado es la más grande composición mariana de las Iglesias de rito bizantino.
Así concluye el comentario de las Bodas de Caná y creo que es una buena lectura, que forma y enriquece.

Buenos Aires, enero 19 de 2025. Bernardino Montejano

2 comentarios en «LAS BODAS DE CANÁ»

  1. Muy interesante y profundo comentario.
    No dejo de recordar que los milagros de Nuestro Señor comienzan con una boda y; que en toda boda judía el vino era sagrado; en todo sentido. Haber transformado el agua en vino no solo significaba a los novios sino que también sacralizo la unión

  2. Muy acertado su comentario querido Padre Horacio.
    A mucha gente no le gusta que haya 20 misterios, pero así esta ya completa la vida de Nuestro Señor Jesucristo en el Santo Rosario.
    Yo pienso que El Señor mismo le mando incluirlos.
    Dios le bendiga.
    atentamente
    Alicia

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