5. Rasgos del pensamiento humano de Jesús
¿Cómo piensa, pues, Jesús? ¿Qué estilo de pensamiento es el suyo? Como en tantos otros aspectos de la humanidad de Jesús, Romano Guardini ha desbrozado el camino también en este asunto en términos que merecen ser recordados y ahondados[1].
Jesús expone su pensamiento de manera atrayente, y a primera vista simple y accesible a todo el mundo. Se diría que su pensamiento es sencillo. Sin embargo se observa que, aún así, no es entendido del todo ni por sus apóstoles. Por eso más que decir que es sencillo, es más apropiado caracterizarlo como un pensamiento que no analiza ni construye, sino que confronta con realidades básicas. Y que lo hace en forma que ilumina e inquieta a la vez.
Las Bienaventuranzas, por ejemplo, como exordio del Sermón de la Montaña, cumplen perfectamente con los preceptos retóricos a los que ha de ajustarse un buen exordio, de captar la atención y conquistar la benevolencia, porque suscitan el deseo de la voluntad prometiendo felicidad y al mismo tiempo despiertan el apetito intelectual, picando la curiosidad con afirmaciones intrigantes.
Raramente incursiona Jesús en lo metafísico, y si lo hace no es más que para enunciar simplemente lo que es. Si esta llana presentación del objeto resulta, a veces, inasible a pesar de ser luminosa, es porque aquello de lo que Jesús habla son las reconditeces de la existencia de Dios y el misterio de la vida de Jesús mismo.
5.1 Un pensamiento del más ceñido realismo sobre una realidad desconocida
Pero aún teniendo por objeto realidades tan hondas y desconocidas, el pensamiento de Jesús permanece cercano a la realidad inmediata de las cosas, del hombre y de su encuentro con Dios. Es un pensamiento del más ceñido realismo, aunque sea el realismo de una realidad nueva, desconocida hasta ahora por los hombres, revelada por Jesús, mediante su vida misma, a la luz del juicio de Dios y sobre nuevos fundamentos de gracia.
5.2 Un pensamiento revelador
Jesús da por supuesto lo que ha dicho la revelación del Antiguo Testamento en temas ontológicos como son el origen y la naturaleza del mundo creado; o como es la trascendencia de la esencia de Dios, o su acción providente en la historia de los hombres. No viene a abolir lo revelado sino a revelarlo plenamente. Todo aquello tenía su razón de ser y su cumplimiento en Él: 1) porque toda la creación ha sido puesta en su mano por el Padre; 2) porque él es el primogénito y por Él fueron creadas todas las cosas; 3) porque Él revela a Aquél a quien nadie ha visto jamás.
Jesús da, con su vida misma, cumplimiento a la Ley y los Profetas; ya que, como hijo obediente, lee en ellos, como en un libreto divinamente inspirado y preparado de antemano a lo largo de siglos, la voluntad del Padre acerca de Él. Jesús vive, muere y resucita “según las Escrituras”, es decir según la voluntad del Padre acerca de Él. Hasta su postremo “tengo sed” lo pronuncia para cumplir las Escrituras, que no son otra cosa que el designio del Padre sobre Él. Hacer la voluntad del Padre, que Él conoce en forma privilegiada, es su sed más profunda. Todo lo que Jesús sabe está al servicio de ese amor al Padre. Su pensamiento vivido es una cavilación de amor filial. Y no es ésta la menos importante de sus enseñanzas. Bossuet la formuló diciendo: “¡Ay de la ciencia [entendamos: filial] que no se endereza a amar [al Padre]!”
5.3 Un pensamiento testimonial
Todo esto que Jesús dice y revela, lo afirma como un testigo directo y como el modelo concreto de lo que ha de ser un hombre filial. No teóricamente como un teólogo.
La fuerza de su pensamiento y la autoridad de su enseñanza no se funda exclusiva ni principalmente en el rigor lógico o teórico de ‘los sabios de este mundo’; de los modos de pensar humanos a los que no teme oponerse, desdecir y contradecir. Recordemos cómo reprende a Pedro, escandalizado por el misterio de la Cruz: “Tus pensamientos no son como los de Dios sino como los de los hombres”[2].
El pensamiento de Jesús es trato con la realidad. Sus pensamientos no quieren investigar, explicar, ni mucho menos edificar teorías. Él se vale de las palabras tradicionales pero para expresar hechos de los que la tradición no tenía vislumbre alguno. Hablará del Reino de los Cielos, pero le dará a la expresión, con autoridad propia, un sentido nuevo, que se aparta de los usuales en el pensamiento de los pensadores de su pueblo. El diálogo con Nicodemo es paradigmático[3]. Es un ejemplo típico de lo sorprendente que resultaba este pensamiento nuevo que rompía los odres de las categorías usuales del hombre viejo, aún del sabio y erudito.
El pensamiento de Jesús es pre-teórico, “como el del niño o como el del hombre primitivo”, dice Guardini. Es, diríamos, un pensamiento de precursor, de descubridor, de explorador de una tierra desconocida, que afirma realidades comprobables pero aún no comprobadas. Que invita a comprobarlas y por lo tanto invita a la fe y deja de lado, por prematura y obstaculizante, la instancia crítica de la razón teórica.
5.4 El Explorador celestial
En la entrevista con Nicodemo Jesús se autopresenta como el explorador celestial que da testimonio del Reino de los Cielos y amonesta para que los hombres no reincidan, ante Él, en la incredulidad con que recibió el pueblo en el desierto a los exploradores de la Tierra Prometida: “Si hablándoos de cosas terrenas no creísteis ¿cómo creeréis si os hablase de cosas celestiales? Nadie subió al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo”[4].
Por este motivo Jesús, el explorador celestial, enseña con propia autoridad. Con una certeza categórica que asombraba a sus oyentes: “se extrañaban las muchedumbres de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus doctores”[5]. Jesús no cita bibliografía; porque jamás hombre alguno vivió, conoció, supo ni pensó lo que Él. “Jamás hombre alguno habló como este hombre”[6], porque jamás hombre alguno vivió lo que él, ni pudo dar testimonio de lo que Él. “A Dios nadie lo vio jamás; el Hijo Unigénito que está en el seno del Padre nos lo dio a conocer”[7].
5.5 Un pensamiento vivido
Éste va a ser el núcleo del pensamiento vivido y enseñado de Jesús: Dios y su relación con nosotros. Jesús no va a presentarlo como en un discurso teórico sino como un testimonio. Va a hablar de Dios como su Padre porque es y vive efectivamente como su Hijo. Es decir, recibiéndose del Padre por una continua, incesante donación de vida divina, por una generación continuada.
Jesús habla de Dios por connaturalidad: como el Hijo habla del Padre y de su vínculo con su Padre. Jesús, humanidad del Verbo, es Verbo del Padre también con su existencia humana, con su biografía recibida del Padre y voluntariamente aceptada. Lo que Jesús enseña está, pues, antes de toda teoría. Es el fundamento de toda ulterior disquisición. Su pensamiento enseñante sobre Dios no es ‘teología’ sino previo a la teología. Será el principio y fundamento de toda la teología cristiana. Tampoco es fe, sino previo, posibilitante y causal, respecto de la fe.
La situación de Jesús como pensador es, por lo tanto, totalmente única y original, porque no puede remitirse a experiencias anteriores de sus oyentes que sean comunes con la suya. Jesús tiene que llamar a sus oyentes a creer en una experiencia de la que Él es, no solamente el primer depositario humano –y, hasta ahora, el único -; sino el gestor único. Una experiencia que podrá compartir, empero, quien le preste fe y ponga por obra lo que le oye enseñar[8].
Como observa Guardini: “tal manera de pensar escapa a la psicología […] Jesús dice y ocurre lo que dice, porque Él lo ha hecho ser, con su obrar, antes de decirlo. Esto habéis de hacer, y se os dará fuerza para ello. Si lo hacéis, ocurrirá esto y lo otro”. Si lo escucháis pero no lo hacéis sucederá tal otra cosa. “Aquí ya no hay ninguna ‘psicología’, porque el objeto al que tendría que dirigirse no se ajusta a ninguna comparación. Se trata de una revelación iniciática y dadora, y como tal, no puede hacerse objeto de un análisis. Sólo se hace posible dentro de ella, como pregunta por el modo como se percibe y cumple la revelación”[9].
[1] GUARDINI, Romano, La Realidad humana del Señor, Buenos Aires, Lumen 1989, pp. 46-49 (título original: Die Menschliche Wirklichkeit des Herrn. Beiträge zu einer Psychologie Jesu. Existe otra edición anterior en castellano en Editorial Cristiandad).
[2] Ou fronéis ta tou Theou alla ta tôn anthrôpôn Mt 16,23
[3] Jn 3,1-20
[4] Jn 3,12-13. Sobre Jesús como el Explorador del Reino, véase nuestro estudio: La Entrada en la Tierra Prometida y la Entrada en el Reino. El Trasfondo Teológico del Diálogo de Jesús con Nicodemo (Juan 3,1-22). en: Revista Bíblica (Arg.) 41(1979/3) Nº 173, pp.171-186.
[5] Mt 7,28-29, Mc 1,22.27
[6] Jn 7,46
[7] Jn 1,18
[8] Mt 7,21.24
[9] GUARDINI, Romano, op. cit., p.50