Mª Sma. MADRE DEL AMOR HERMOSO JULIA IANNONE
MARÍA SANTÍSIMA: MADRE DEL AMOR HERMOSO
«Soy la Madre del Amor hermoso, y del temor, y de la ciencia, y de la santa esperanza« (Eclesiástico 24, 24).
MEDITACIÓN
Esta Madre que se hizo Madre con mayúscula cuando dijo Fiat, es Ella, Sedes Sapientiae 0 Trono de la Sabiduría, Madre del Amor hermoso. ¿Y cuál es ese Amor hermoso que habita en el Cielo, en la tierra y en los abismos?
¿Quien es ese Amor hermoso que dijo en la víspera de su Pasión «no hay nada más grande que dar la vida por sus amigos?»
¿Dónde hallamos ese Amor hermoso que desde lo alto de un monte proclamó para todo aquel que quisiera escucharlo las Bienaventuranzas?
¡Cuántos sitios recorrió ese Amor hermoso haciendo milagros (los ciegos ven, los cojos caminan, los sordos escuchan…)!
¿Quién sino el único Amor hermoso pudiera decir: el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna…y yo lo resucitaré en el último dia?
¿Y tú? Madre del Amor hermoso? ¿Qué otro título sería para ti, Madre, más perfecto?
Pues hermosa eres como hermoso es tu Hijo.
No podría ser de otro modo. Toda hermosa, Tota Pulchra. Eres hermosura Inmaculada. Sin mancha ni pecado. Eres una hermosura que cruza todo el orbe como un rayo de luz. Hermosura luminosa. Radiante. «Beata dicebunt me Omnes generationes» Cantaste en tu Magnificat. Hermosura dichosa. Sabia hermosura.
«Soy la Madre del Amor hermoso». ¿Quién sino Tu, oh Virgen María. Oh Santísima. Oh Purísima!
¡Oh Amor hermoso, sé Tu mi amor!
¡Oh Madre del Amor hermoso, llévame siempre a Su Amor!
MADRE DEL SANTO TEMOR
Así ha dicho la Madre tantas veces: «No temáis. Hijitos no tengáis miedo. Soy la Madre del temor. Pues siendo el temor incertidumbre del hombre, no puede otra cosa La Señora más que alejarnos de él. El temor ante Ella se subyuga. Se vuelve lejano. Como un territorio que se somete ante la Augusta Reina. El temor, de mirada amenazante, huye frente a la firmeza de Su mirada.
Esos, sus ojos misericordiosos tienen un alcance sideral. Y tanta es la luz que la acompaña que el temor nada puede en ese Universo luminoso.
El Dios Niño hecho hombre corre y juega en paz. Allí está Su Madre que envuelve su infancia con abrazos de Santa Calma. No hay sueño que se perturbe ni barca que zozobre ante su serena Presencia Soberana.
Ella alcanzó todas las gracias en el momento mismo de la Salutación angélica. » Alégrate llena de gracia.» «No temas». Es decir ya jamás podrás temer en tu corazón pues llevas al mismo Dios en tus entrañas. Llena de gracia. Toda de Dios. Hija del Padre, Creador de todo lo visible y lo invisible. Madre del Hijo. De Jesús, el Divino Salvador. Esposa del Espíritu Santo que infunde Sus siete dones y así la hace a Ella, Sede de la Sabiduría.
¿Que podrá temer el hombre, pecador y desvalido, si se echa presuroso en el regazo de María.? La Perfecta Virgen Santa.
Nada temamos, hombres de poca fe. En el vaivén de esta vida pasajera está Ella, Tota Pulchra.
Terrible como un ejército en orden de batalla, la Madre del temor aplastará la cabeza a la serpiente y aunque caminemos sobre áspides y alacranes nada podrán sus mortíferos venenos, pues tenemos el antídoto infalible.
Aquel horno ardiente de Caridad donde se funden los Sagrados Corazones en un latido Único, es música de sublime armonía. Todos los sonidos del Cielo, llaménse coros angélicos, los de la tierra y la creación entera cantan en acto de adoración, aquellos Nombres de Jesús y María. Entonces la palabra que dice temor desaparece. Ante la Palabra que se hizo Carne y habitó en el seno de la Virgen.
«Oh! Dónde está muerte tu victoria dónde está muerte tu aguijón?» Cristo ha vencido. El León de la tribu de Judá es Hijo de la Madre del temor!!
Huye temor! Huye! Que la Madre de todos los vivientes está conmigo y al fin su Corazón Inmaculado triunfará! 13 de mayo de 2020. Fiesta de Nuestra Señora de Fátima.
MADRE DE LA CIENCIA
De la ciencia. Que será esta ciencia tan elevada? Allí en las cumbres más empinadas. En la nada. Allí en el viento y el hielo. En el desierto. Donde existen palabras inaudibles y silencios de infinitas voces. Esa ciencia. De solo Dios. Donde solo Ella ha podido penetrar. En el ser mismo del Verbo. «Carne de mi carne y hueso de mis huesos». Del vientre. De las entrañas le brota a la Madre la ciencia. La ciencia toda del Verbo Encarnado. Y de tal Hijo esa Madre que El mismo se eligió desde toda la Eternidad. La Santísima Trinidad le dio la plenitud de toda su ciencia y Ella, Hija, Madre y Esposa se hizo la llena de gracia. » Et exsultavit spiritus meus: in Deo, salutari meo.» ( Canticum: Magníficat.)*
¿Qué otra ciencia puede hallar igual, criatura alguna?
De esa ciencia que la ha hecho Inmaculada tenía que venir Aquel que hace nuevas todas las cosas…(Ap 21, 5). *Mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador. (Cántico del Magnificat.)
MADRE DE LA ESPERANZA
Cuando Dios vino al mundo envuelto en pobres pañales, nació nuestra Santa Esperanza. Nació el deseo de los bienes prometidos y que nos esperan. La esperanza se había hecho luz entre los hombres y una estrella nos llevó a ella. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron. Así dice el apóstol San Juan en el comienzo de su Evangelio. Pues si no queremos ver la luz del mundo vana será nuestra esperanza.
Que es esperar, sino anhelar? Quien anhela, espera.
Como la Ssma. Virgen ante la expectación del parto, esperamos allí en la Gloria, ver a Dios cara a cara.
Anhelamos mientras esperamos y nuestra esperanza se muda en certeza ante la fidelidad de las promesas de Dios. » Los resucitaré en el último día. O …» quien come mi carne y bebe mi sangre…le daré la vida eterna». «…habrá un solo rebaño y un solo Pastor». O «bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios».
En aquellos días la esperanza habrá dado paso a la certeza. Pues ni una sombra de duda será en la Gloria de Dios. Y este dolor pasará. Y esta sombra pasará. Pero Tu Palabra no pasará.
Esperar ya no será un anhelo o una confianza. La Madre de la Esperanza será entonces Madre de la Luz que ilumina aquel Reino que no tiene fin. «Porque en el reino de la muerte nadie te invoca y en el abismo…¿quién te alabará?» (Salmo 6, 6)
Dame Bella Señora guardar esta Santa Esperanza. Aunque el cielo y la tierra y todo lo que en ella se contiene sucumbieran bajo nuestros pies, sean nuestros corazones templos inexpugnables de esa alegría secreta guardada hasta la Eternidad. Así sea.
Julia Iannone
¿Qué puedo comentar sobre esta página?
Me vienen dos pensamientos:
– La casita de Nazaret: el Amor Hermoso, la Madre del Amor Hermoso y el Custodio de estos dos Amores. Sublime misión de San José al que seguimos contemplando, amando, invocando en este tiempo de Adviento. Nazaret, la casa de la contemplación desde el amor silencioso pero fecundo, la centralidad de Jesús, la solicitud de María y el trabajo y cuidado de San José.
El Amor Hermoso: presente en la Eucaristía, guardado en un sagrario, alabado por millares de Ángeles, como Rey de reyes y Señor de señores; a disposición nuestra, totalmente indignos, pero llamados por El. Cuánto para agradecer y pedir crecer en acatamiento y adoración.