Desde el cielo una hermosa mañana,
desde el cielo una hermosa mañana
La Guadalupana, la Guadalupana,
la Guadalupana bajo al Tepeyac (bis).
Suplicante juntaba sus manos,
suplicante juntaba sus manos.
Y eran mexicanos, y eran mexicanos,
y eran mexicanos su porte y su faz (bis).
Su llegada llenó de alegría, su llegada llenó de alegría
de luz y armonía, de luz y armonía, de luz y armonía todo el Anahuac (bis).
Junto al monte pasaba Juan Diego, junto al monte pasaba Juan Diego,
Y acercóse luego, y acercóse luego, y acercóse luego al oír cantar (bis).
Juan Dieguito — la Virgen le dijo, Juan Dieguito la Virgen le dijo,
este cerro elijo, este cerro elijo, este cerro elijo para hacer mi altar (bis).
Y en la tilma entre rosas pintadas, y en la tilma, entre rosas pintadas
Su imagen amada, su imagen amada, su imagen amada se dignó dejar (bis).
Desde entonces para el mexicano, desde entonces para el mexicano
ser Guadalupano, ser Guadalupano, ser Guadalupano es algo esencial (bis).

» Dieguito, Juan Dieguito»…Me estremece toda vez que escucho o recuerdo las palabras de la Virgen a Juan Diego. Hoy pensando en la Virgen recordaba el salmo; «Como en padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles»… y le decía a la Virgen: si tenemos un Padre tierno como no podemos imaginar, qué será la ternura de la Madre, tu ternura, Madre. Sólo Dios es más tierno que tú. Y bajo esa confiada protección vivimos. Una Madre tierna que suplica al Hijo y un Hijo tierno, manso y humilde de corazón, Dios amor, que suplica, intercede ante el Padre. El Padre y la Madre nos ayuden a hacer operativa, la ternura que nos regaló en el bautismo, al regenerarnos.