BAAL FEGOR – NÚMEROS 25, 1-10 El Demonio de la Lujuria [2 de 5]
ORÍGENES: HOMILÍA

FORNICACIÓN EN GENERAL ES TODO TIPO DE PECADO

2.1. Sin embargo es mucho más execrable aquella fornicación general en la que se contiene simultáneamente todo tipo de pecado Se dice fornicación general cuando el alma que ha entrado en consorcio con el Verbo de Dios, y está asociada de algún modo por su matrimonio, se corrompe y es violada por algún otro [Ver nota 17] que es ajeno y adversario de aquél varón que la desposó para sí en fidelidad [Ver Oseas 2, 22] 

JESUCRISTO ESPOSO Y PROMETIDO DEL ALMA LIMPIA

Es pues un prometido y esposo del alma limpia y pura el Verbo de Dios, que es Cristo el Señor [Ver nota 19], como escribe el Apóstol: Quiero presentaros a todos vosotros como virgen casta a un solo esposo, Cristo. Sin embargo temo que, como la serpiente sedujo a Eva con su astucia, así también se corrompan vuestros pensamientos respecto de la sencillez, que hay en Cristo Jesús [2ª Corintios 11, 2-3] Así pues, mientras se une el alma a su Esposo, escucha su palabra y lo abraza, ciertamente acoge de él el Semen del Verbo; y, como Él ha dicho: de tu temor, Señor, hemos concebido en el vientre, así también dice ella: De tu Verbo Señor, he concebido en el vientre y he parido y he producido el espíritu de salvación sobre la tierra [Isaías 26, 18]

                Si, pues, el alma concibe de este modo de Cristo, hace hijos, por los cuales se dice de ella que será salva por la generación de hijos, si permanecieren en la fe, en la caridad y en la santidad con sobriedad [1ª Timoteo 2, 15], aunque parezca que el alma haya sido seducida antes, como Eva. Es, pues, verdaderamente dichosa la descendencia, cuando haya sido consumada la unión marital del alma con el Verbo de Dios y cuando se intercambien el mutuo abrazo. A partir de allí nacerá una progenie noble; de allí se originará la pureza, de allí la justicia, de allí la paciencia, de allí la mansedumbre y la caridad y una noble prole veneranda de todas las virtudes».

NOTA 17 Homilía Levítico, II, 2 Alude a las tórtolas como prototipo del amor casto. Así el hombre que ofrece dones a Dios no tiene por qué sentirse solo, pues la palabra de Dios formará con su mente dos realidades bien acopladas. En otro lugar, resalta Orígenes el ejemplo de Rebeca, que acude a los pozos de la Escritura; y al llegar la palabra profética (= el siervo de Isaac), deja deja la arrogancia de las palabras griegas (= el cántaro) y acoge aquella palabra con la paciencia que su 

propio encierra (Homilía sobre el Génesis X, 2, 94, 27-96, 3)

NOTA 19 En Homilias a Ezequiel VIII, 3 (Sources Chrétiennes 352,288, 18-290, 47), comentando Ezequiel 16, 33 considera que Israel se ha prostituido después de diez años de castidad, haciendo regalos a sus amantes con los bienes de su esposo, el Verbo de Dios, que le había inculcado la santidad, la justicia y otros bienes. (Ver SelEz Cat: Patrología Griega 13, 729-732) 

CUANDO EL ALMA SE CORROMPE Y ES VIOLADA POR OTRO

2.2. Pero si el alma desdichada abandonase los santos esponsales del Verbo divino y, engañada por las seducciones del diablo y de otros demonios, se entregase a los abrazos adúlteros, engendrará sin duda también desde allí hijos, pero de aquellos de los que está escrito: Los hijos de los adúlteros serán imperfectos, y será exterminada la descendencia del concubio inicuo [Sabiduría 3, 16]                                                   Todos los pecados, pues, son hijos del adulterio e hijos de la fornicación. De aquí se concluye que, por cada una de las cosas que hacemos, nuestra alma engendra hijos [Véase Gregorio de Nisa, De vita Mosi, II, 3] a saber el pensamiento y las obras que realiza. 

Si lo que hace es acorde a la ley y según el Verbo de Dios, pare el Espíritu de salvación, y por eso se salvará por la generación de hijos [Ver 1ª Timoteo 2, 15], y éstos son los hijos de los que dice el profeta: Tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa [Salmo 127/128, 3],
               Si, por el contrario, lo que hace es contra la Ley y es pecado, por la concepción del espíritu malvado engendra, sin duda, una prole malvada, pues pare hijos de pecado. Éstos son los nacimientos malditos sobre los cuales por parte de algunos santos se maldice incluso el día que nacieron [Job 3, 1-3; Jeremías 20, 14].

ES SEGURO QUE PARIRÁ HIJOS DE IRA

DESCENDENCIAS MALDITAS
2.3.
 Si en cambio, como hemos dicho, concibe del espíritu malvado, es seguro que parirá hijos de ira, preparados para la perdición [Romanos 9, 22]  Y quizás a cada una de estas dos procreaciones del alma se refiera esto que ha sido dicho: Cuando, pues, todavía no habían nacido y no habían realizado algo de bueno o malo, para que permanezca el designio de Dios, que fue hecho según la elección, no por las obras, sino por el que llama, fue dicho que ‘el mayor sirva al menor’ , como está escrito: Amé a Jacob; sin embargo tuve odio a Esaú [Ver Romanos 9, 11-13 y Génesis 25,23; Malaquías 1,2.3] semejantes descendencias del alma, incluso antes de que hagan algo malo o bueno, ya son amadas, ya que han sido engendradas por el Espíritu Santo. Si, en cambio, lo han sido por el espíritu maligno, también antes de que realicen la obra de algún mal, sin embargo porque el alma ha parido una tal voluntad, justamente es tenido por odiosa  execrable concepción de la voluntad malvada.

Por eso quizás en la figura de este misterio, también al niño Canaán, antes de nacer, se lo maldice. Pues Cam, su padre, había pecado [Génesis 9, 25]. Y profetizando Noé, cuando había sido destinado bienes magníficos a cada uno de sus hijos, al llegar a Cam dice: maldito el niño Canaán [Génesis 9, 25]. Cam pecó, y Canaán, su descendencia, es maldecida y maldita es. Y por eso debemos esforzarnos intensamente y vigilar, no sea que el alma genere algo que sea digno de maldición: pues aunque esto todavía no lo hubiese cumplido con obras, sin embargo, en su propia voluntad y propósito será de este modo maldita la descendencia.

Y en el caso de que esto coincidiera alguna vez – pues ¿quién se hallará fácilmente que sea considerado inmune de la voluntad de pecar,  en una generación de aquel tipo? – si, pues, sucediese algo semejante en una generación de tal tipo? –; si, pues, sucediese algo semejante, busquemos en los divinos escritos qué remedio se dará.

EL REMEDIO
2.4. Encontramos escrito en los Salmos acerca de esto: «¡Miserable hija de Babilonia! ¡Dichoso el que te devuelve la paga con la que nos retribuiste! ¡Dichoso el que te retendrá y estrellará a tus niños sobre la piedra [Salmo 136.137 m 8-9]. Aunque este babilonio concebido en nosotros no haya realizado obra alguna, mientras todavía es pequeño, no tengas misericordia de él ni le perdones, sino mátalo en seguida, quítalo de delante de ti – pues es odioso – estrellándolo contra la roca. La Roca es Cristo [1ª Corintios 10, 4]. ¿Quién es, pues, tan grande y de tal calidad que no espere en absoluto a que crezca en él la prole de Babilonia ni aumenten en él las obras de confusión, sino que inmediatamente, en los primeros comienzos, cuando apenas los funestos deseos concebidos por inspiración del espíritu del mal empiezan a nacer y a arraigarse las mociones de la voluntad y, por decirlo así, cuando comienzan a sacar la cabeza de la vulva del alma para proferir perniciosos deseos concebidos por inspiración del espíritu maligno, los arrebate en seguida y estrelle contra la Roca, esto es los lleve a Cristo, para que, puestos ante su tremendo juicio, dejen de crecer y perezcan. 

2.5. Estas cosas nos han sido dichas acerca de la fornicación en general , que tiene muchas clases, de las cuales una es ésta, que, por costumbre, se denomina fornicación, debido a la contaminación corporal.                    Mientras leía yo el Apóstol, llegando a este lugar en el que dice: Quien se une al Señor, un solo espíritu es [1ª Corintios 6, 16-17] y, quien se une a una meretriz, un solo cuerpo es, me preguntaba si hay algo intermedio, aparte de éste según el cual alguien se una al Señor o bien a una meretriz. Y discurriendo según mis fuerzas, consideraba un sentido muy profundo y recóndito en estas palabras del Apóstol, que definiera de tal modo que cualquier alma o bien está unida al Señor o a una meretriztambién entendí que llamaba ‘Señor’ a las potencias de Cristo, o sea, el Verbo, la Sabiduría, la Verdad, la Justicia [Ver Juan 1,1; 1ª Corintios 1, 30; Juan 14,6].

Y del mismo modo las demás, mientras que, por el contrario, denominaba meretriz a toda especie de malicia. Considero que esto también se dice en Salomón a propósito de la meretriz, que mira por las ventanas hacia las plazas, y, si ve a un transeúnte necio de entre los adolescentes y necesitado de sentido, junto a la esquina de su casa, y que habla en las tinieblas vespertinas, cuando se haya producido el silencio nocturno o la tiniebla de la noche, la mujer va a su encuentro, con el aspecto de una meretriz, que hace volar los corazones de los jóvenes [Ver Proverbios 7, 6-10]. Ésta pues que se llama ‘meretriz’, es la malicia misma; y quien se una a esta meretriz, se hará un solo cuerpo con la malicia. Así pues, del mismo modo que quien se une al Señor se une a la Sabiduría, se une a la Justicia, se une a la Piedad y Verdad y con todas estas realidades se  hace un solo espíritu, así también quien se une a una meretriz, se  une se une a la impureza, a la impiedad, a la iniquidad, a la mentira y simultáneamente a todos los males del pecado, con los cuales se hace un solo cuerpo.

La homilía prosigue en próximas entregas

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  1. «Quiero presentaros a todos vosotros como virgen casta a un solo esposo, Cristo. Sin embargo temo que, como la serpiente sedujo a Eva con su astucia, así también se corrompan vuestros pensamientos respecto de la sencillez, que hay en Cristo Jesús [2ª Corintios 11, 2-3] y en Rom.7, 21 – 25, San Pablo describe su experiencia de la lucha persistente entre el bien y el mal que advierte en él, pero termina diciendo: «¡Quién me librará de este cuerpo que me lleva la muerte? Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor» v. 24-25. La clave está en el combate decidido: la pronta reacción ante el intento de violación provocado por el enemigo. El temor de Pablo, expresado a los corintios tal vez se corrobora, además, en base a su propia experiencia. Y no menos cuando afirma: «Quien se une al Señor, un solo espíritu es» (con Él) 1ª Cor. 6, 16-17 . Cuando advertimos la llamita del Espíritu que se enciende en nosotros, activarla inmediatamente, para que se robustezca y nos haga más ágiles en la milicia. Cuanto más nos ejercitamos, más fuerte se hace la virtud,- los hijos de la unión con el Esposo Fiel – Quien con su sangre nos compró y nos unió a Él para siempre. ¡Grande misterio!

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